lunes, 15 de abril de 2019

¿Qué es el Positivismo (histórico)?


Por: Rebecca Grafía

El historiador profesional tiene poco si lo comparamos con el tiempo que se ha escrito historia, la figura de quien escribe historia nos puede remontar a Grecia con Heródoto, pero de ninguna forma se trató de una historia profesional. En el régimen de historicidad moderno tenemos tres características que se complementan pero que también suelen confundirse entre sí. La historia, aspira a convertirse en una disciplina paralela a las ciencias naturales, es decir, siguiendo un método histórico. Por otra parte, el tiempo, pasa a ser protagonista, ya no estamos en él, sino sobre él y podemos manipularlo, se reconoce a la Historia, aparece esa Geschichte. Por último, la categoría que tiene más relevancia en el trinomio temporal pasado, presente y futuro, es el futuro. Todo el presente se proyecta hacia allá, siendo el hombre Moderno el ejemplo mismo que él necesita.
El método histórico se inauguró en la escuela alemana, con Barthold George Niebuhr, quien entendió que la historia debía comprenderse como la sucesión causal de los acontecimientos (la historia como un proceso causal inmanente) Leopoldo Von Ranke, continuador de este pensamiento, consignó en su célebre frase “exponer cómo sucedieron los hechos”, el encadenamiento de la sucesión de hechos que darían cuenta por sí solos, de cómo se habían dado los acontecimientos.[1]
Ranke es el fundador del método histórico positivista, después conocido como historicismo. Este método concreta los anhelos decimonónicos de certeza, realismo, nacionalismo y búsqueda de identidad. Con él la disciplina histórica quedará circunscrita a lo que los historiadores de esta corriente definirán como el método histórico por antonomasia, dejando fuera a muchos escritores que también escribieron historia pero desde otros espacios y puntos de vista. Entre ellos están Marx y Tocqueville, que hicieron una historia económica, pero que no fueron reconocidos como tal en su época debido a que no seguían el “método histórico” y porque pensaban la historia desde planteamientos teóricos –filosóficos. Por ello caían en la categoría de filosofía de la historia que, para los creadores del “método” no era historia.[2]
La concepción del tiempo era de un pasado lineal, irreversible, objetivado y acabado y con un método histórico de carácter empírico, se cosifica el pasado que ahora es observable por el historiador a través de los documentos. El historiador de principios del siglo XIX cosificó también a la sociedad con el positivismo de Augusto Comte, formulando una nueva ciencia: la sociología.[3] Comte afirmaba que del estudio empírico del proceso histórico, en especial de la progresión de diversas ciencias interrelacionadas, se desprendía una ley que denominó de los tres estadios y que rige el desarrollo de la humanidad.[4] El conocimiento verdadero es el conocimiento científico y solamente puede surgir de la confirmación de las hipótesis a través del método científico.
El procedimiento de la historia es partir objetivamente del documento del que se deduce el hecho. El significado se aprehende de lo concreto, esto es, para Ranke, proceder de manera científica. La filosofía al contrario, procede de lo general a lo particular, es a partir de ideas a priori de reglas abstractas que se deducen las verdades particulares. Ranke rechazó el pensamiento filosófico de la historia, es decir, lo negó como conocimiento “científico”, para la historia.[5]
Se redujo la historia exclusivamente a los documentos, Ranke pensaba que así se alcanzaba la objetividad sin planteamientos teóricos previos que afectaran el análisis de los documentos. Se buscaba explicar el cómo habían sucedido las cosas. “La meta y el objetivo de la historia –ciencia será, de aquí en adelante, ir descubriendo paulatinamente la totalidad del pasado de la humanidad. Comienza entonces el realismo que se verá reflejado en las corrientes artísticas, literarias y científicas. En la historia este realismo era la aplicación del método objetivo, es decir, el método experimental de las ciencias empíricas.
La objetividad fue el requisito obligatorio de esta historia científica, alcanzable solo mediante el análisis crítico de las fuentes originales, indagando en los detalles, para así poder realizar ciertas generalizaciones siempre partiendo de los hechos primarios. El tipo de explicación al que se aspiraba era la descripción narrativa del proceso histórico.[6]
Está como antecedente el método crítico filológico iniciado como Georg Niebuhr. El análisis y estudio de los documentos originales, iniciado en el Renacimiento y que continuó hasta el siglo XVIII con disciplinas como la numismática, la diplomacia, la paleografía y la epigrafía. Los historiadores alemanes del siglo XIX aplicarían el método de estas mismas disciplinas directamente en la construcción de la historia.[7]
El método filológico sería perfeccionado por Ranke y sistematizado en 1898 por los historiadores franceses Charles –Victor Langlois y Charles Seignobos en su obra Introducción a los estudios históricos. La historia pasó a tener un lugar especializado para producirse: las universidades. El método de Ranke suponía que el historiador debía enfrentarse a su objeto de estudio, los documentos que contienen los acontecimientos del pasado, sin ideas preconcebidas. Había un estudio filológico de por medio y se cotejaba con otros documentos todo para llegar a un versión “verdadera” de los hechos.
La obsesión por la objetividad llevó a creer que se podía suprimir la subjetividad. Partir, como la ciencia, de una inducción controlada de los hechos particulares llevaría al descubrimiento de historias de estados, luego de naciones y posteriormente la suma de todas ellas darían la historia universal; de tal modo que algún día se llegaría a saber todo el pasado humano. Con Ranke se creó la ilusión de que el pasado develaba “naturalmente”, que brotaba simplemente bajo la mirada erudita del historiador.[8]
La novedad que trajo Ranke radica en el carácter de fabricar una historia nueva. Comenzó a fraguarse una cualidad propiamente moderna con la distinción entre historiografía e investigación histórica. Para 1825 ya se percibía la aparición de la nueva historiografía científico –académica. Posteriormente Ranke llega a la Universidad de Berlín para desarrollar sus enseñanzas. De esta manera, Ranke dio nuevas bases al proyecto iniciado por Vico un siglo antes. El nacimiento y desarrollo de la historia como empresa humana selló el comienzo de lo que se conoce como la era del “historicismo”.[9]
El pasado se convirtió en un objeto estable, finiquitado, observable a partir de sus huellas (documentos, trazas, monumentos) mediante un método controlable y fijo. Con esta concepción del pasado y de ciencia se entiende que la historia se distinguió entre quienes estudiaban “hechos” los historiadores que “hacían historia” (que develaban y descubrían la interrelación causal de los hechos)- y quienes se dedicaban a la historiografía: leer a los historiadores del pasado, a comprender su estilo, su escritura, y, en el mejor de los casos a evidenciar sus errores.[10] Por supuesto, hubo quienes se opusieron a esta forma de hacer historia desde que surgió, pero los cuestionamientos más fuertes vendrían más adelante en el siglo XX.





Bibliografía:
Norma Durán R. A. (coordinadora), Epistemología Histórica e Historiografía, México, UAM -Azcapotzalco, Biblioteca de Ciencias Sociales y Humanidades, 2017.
Norma Durán (compiladora), Historiografía general: antologías universitarias, México, UIA, 1996.
Guillermo Zermeño Padilla, La cultura moderna de la historia. Una aproximación teórica, México, COLMEX, 2002.
Bibliografía complementaria:
François Hartog, Regímenes de historicidad: Presentismo y experiencias de tiempo, México, Universidad Iberoamericana, 2007.


[1] Norma Durán R. A., “François Hartog, la historia y el “presentismo” del presente” en Norma Durán R. A. (coordinadora), Epistemología Histórica e Historiografía, México, UAM -Azcapotzalco, Biblioteca de Ciencias Sociales y Humanidades, 2017, p. 263.
[2] Norma Durán (compiladora), Historiografía general: antologías universitarias, México, UIA, 1996, p. 141.
[3] Norma Durán R. A., “François Hartog, la historia y el “presentismo” del presente” en Norma Durán R. A. (coordinadora), Epistemología Histórica e Historiografía, p. 263.
[5] Norma Durán (compiladora), Historiografía general: antologías universitarias, p. 142.
[6] Ibid.
[7] Ibid.
[8] Ibidem., p. 143.
[9] Guillermo Zermeño Padilla, La cultura moderna de la historia. Una aproximación teórica, México, COLMEX, 2002, pp. 88 -89.
[10] Norma Durán R. A., “François Hartog, la historia y el “presentismo” del presente” en Norma Durán R. A. (coordinadora), Epistemología Histórica e Historiografía, p. 263.

martes, 12 de febrero de 2019

Bookshelf: un recorrido por mi librero (Parte 1)


Por: Rebecca Grafía


  1. F. R. Ankersmit, Historia y tropología, México, FCE, 2004.
  2. Carlos Antonio Aguirre Rojas, Antimanual del mal historiador. O ¿cómo hacer hoy una buena historia crítica?, México, Los libros de Contrahistorias, 2008.
  3. Marc Bloch, La sociedad feudal. Formación de los vínculos de la dependencia, México, UJED Editorial, 2010.
  4. _________, Introducción a la historia, México, Breviarios, 2000.
  5. Lucien Febvre, Combates por la historia, Argentina, Planeta, 2003.
  6. Fernand Braudel, El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II, Tomos I y II México, FCE, 2010.
  7. Peter Burke (Ed.), Formas de hacer historia, España, Alianza Editorial, 2001.
  8. Rosa Camelo y Miguel Pastrana Flores (editores), La experiencia historiográfica, VIII Coloquio de Análisis Historiográfico, México, UNAM, 2009.
  9. Dominick LaCapra, Historia en tránsito, México, FCE, 2006.
  10. Roger Chartier, Cultura escrita, literatura e historia, México, FCE, 2000.
  11. Jean Chesneaux, ¿Hacemos tabla rasa del pasado? A propósito de la historia y de los historiadores, México, Editorial Siglo XXI, 1977.
  12. Gordon Childe, Teoría de la historia, México, UJED Editorial, 2009.
  13. L. P. Curtis, Jr. (comp.), El taller del historiador, México, FCE, 1975.
  14. Robert Darnton, La gran matanza de gatos y otros episodios en la historia de la cultura francesa, México, FCE, 1987.
  15. Hans –Georg Gadamer, Verdad y método, Tomos I y II España, Ediciones Sígueme, 2004.
  16. Carlo Ginzburg, Miedo, reverencia, terror. Cinco ensayos de iconografía política, México, Los libros de Contrahistorias, 2014.
  17. ____________, El hilo y las huellas. Lo verdadero, lo falso, lo ficticio, México, FCE, 2010.
  18. ____________, Los benandanti. Brujería y cultos agrarios entre los siglos XVI y XVII, México, Universidad de Guadalajara, Editorial Universitaria, 2005.
  19. ____________, El queso y los gusanos, El cosmos según un molinero del siglo XVI, España, Océano, 2008.
  20. VV.AA., Dossier: Historia, Crítica y Poder, Contrahistorias. La otra mirada de Clío, No. 19, México, septiembre 2012 –febrero 2013.
  21. Luis González, Pueblo en vilo, México, SEP, Lecturas Mexicanas, 1984.
  22. Serge Gruzinski, La colonización de lo imaginario. Sociedades indígenas y occidentalización en el México español. Siglos XVI –XVIII, México, FCE, 2003.
  23. ______________, La guerra de las imágenes. De Cristóbal Colón a “Blade Runner” (1492-2019), México, FCE, 2016.
  24. Johan Huizinga, El concepto de la historia, México, FCE, 2005.
  25. Keith Jenkins, ¿Por qué la historia?, México, FCE, Breviarios, 2006.
  26. Anna Pagés, Sobre el olvido, España, Herder, 2012.
  27. Zygmunt Bauman, Modernidad líquida, México, FCE, 2003.
  28. Isabela Cosse, Mafalda: historia social y política, México, FCE, 2014.
  29. VV.AA., “Historia y ficción”, ISTOR Revista de historia internacional, Año IX, número 35, invierno 2008.
  30. VV.AA-. “El carácter narrativo del discurso histórico”, Historia y grafía, México, Número 24, 2005.
  31. VV.AA., “La función social de la historia”, Historio y grafía, México, Número 21, 2003.
  32. José Gaos, “Tomo XV. Discurso de filosofía, de antropología e historiografía en el siglo del esplendor en México” de sus Obras completas, México, UNAM, 2009.
  33. Jörn Rüsen, Tiempo en ruptura, México, UAM –Azcapotzalco, 2014.
  34. Eric Kahler, ¿Qué es la historia?, México, FCE, Breviarios, 1966.
  35. George Lefebvre, El nacimiento de la historiografía moderna, México, Ediciones Roca, 1974.
  36. Leonardo Martínez Carrizalez y Teresita Quiroz Ávila (coordinadores), El espacio: presencia y representación, México, UAM –Azcapotzalco, 2009.
  37. Álvaro Matute, La teoría de la historia en México (1940 -1968), FCE, 2015.
  38. Silvia Pappe (coordinadora), La modernidad en el debate de la historiografía alemana, México, UAM –Azcapotzalco, 2004.
  39. Henri Pirenne, Historia de Europa. Desde las invasiones hasta el siglo XVI, México, FCE, 2003.
  40. ___________, Las ciudades de la Edad Media, España, Alianza Editorial, 2007.
  41. Paul Ricoeur, Del texto a la acción. Ensayos de hermenéutica II, México, FCE, 2010.
  42. __________, La metáfora viva, España, 1980.
  43. __________, Sí mismo como otro, México, Editorial Siglo XXI, 1996.
  44. __________, Tiempo y narración, Tres tomos, México, Editorial Siglo XXI, 1995.
  45. __________, Teoría de la interpretación. Discurso y excedente de sentido, México, Siglo XXI, 1995.
  46. __________, La memoria, la historia, el olvido, FCE, Argentina, 2008.
  47. Luis Vergara, Paul Ricoeur para historiadores, México, Universidad Iberoamericana, Colección El giro historiográfico, Plaza y Valdés Editores, 2006.
  48. Alain Boyer y Maurice –Ruben Hayoun, La historiografía judía, México, FCE, Breviarios, 2008.
  49. Alfonso Mendiola, Bernal Díaz del Castillo. Verdad romanesca y verdad historiográfica, México, Universidad Iberoamericana, Historia y grafía, 1995.
  50. R. G. Collingwood, Idea de la historia, México, FCE, 2004.
  51. Beatriz Rojas y Ernest Sánchez Santiró (coordinadores), Historiografía española 1975 -2005, México, Instituto Mora, 2008.
  52. Evelia Trejo, Los límites del discurso. Lorenzo de Zavala, su “Ensayo histórico” y la cuestión religiosa en México, 2001.
  53. VV.AA., Historia ¿para qué?, México, Siglo XXI editores, 1980.
  54. Hayden White, Metahistoria. La imaginación histórica en la Europa del siglo XIX, México, FCE, 1992.
  55. James C. Scott, Los dominados y el arte de la resistencia, México, Era, 2000.
  56. Pierre Vilar, Iniciación al vocabulario del análisis histórico, España, Crítica, 1999.
  57. Stefan Rinke, Historia de Latinoamérica. Desde las primeras culturas hasta el presente, México, COLMEX, 2016.
  58. Saúl Jerónimo, Danna Levin y Columba González (coordinadores), Horizontes culturales de la historiografía, México, UAM –Azcapotzalco, 2008.
  59. José A. Ronzón León y Saúl Jerónimo Romero (coordinadores), Formatos, géneros y discursos. Memoria del segundo encuentro de historiografía, México. UAM –Azcapotzalco, 2000.
  60. Reinhart Koselleck, historia/Historia, España, Editorial Trotta, 2010.
  61. Eric Hobsbawm, Historia del siglo XX, España, Crítica, 2012.
  62. Sigmund Freud, Introducción al psicoanálisis, México, Editorial Porrúa, Colección “Sepan cuantos…”, 2011.
  63. Norma Durán (compiladora), Historiografía general. Antologías universitarias, México, Universidad Iberoamericana, 1996.
  64. Guillermo Zermeño Padilla, La cultura moderna de la historia. Una aproximación teórica e historiográfica, México, COLMEX, 2002.
  65. Michel Foucault, El orden del discurso, España, TusQuets, 2009.
  66. Pirre Vidal –Naquet, El mundo de Homero, México, FCE, 2007.
  67. Luis Gerardo Morales Moreno (compilador), Historia de la historiografía contemporánea (de 1968 a nuestros días), México, Instituto Mora, Antologías universitarias, 2005.
  68. Agnes Heller, Teoría de la historia, México, Editorial Fontamara, 1989.
  69. François Châtalet, El nacimiento de la historia, México, Editorial Siglo XXI, 1978.
  70. Ricardo Martínez Lacy, Historiadores e historiografía de la Antigüedad clásica, México, FCE, 2004.
  71. Alfonso Mendiola (compilador), Diálogo con historiadores, Ediciones Navarra, 2017.
  72. Norma Durán, Retórica de la santidad, México, Universidad Iberoamericana, Colección El mundo sobe el papel, 2008.
  73. Luis Huberto Méndez y Berrueta, José Othon, Quiroz Trejo, María Magdalena Trujano Ruiz, Méxicos híbridos. De cuando México se volvió plural y todos los discursos fueron insuficientes, México, UAM –Azcapotzalco, 2016.
  74. Norma Durán (coordinadora), Estudios culturales. Voces, representaciones y discursos, México, UAM –Azcapotzalco, 2017.
  75. Carlos García Gual, Historia mínima de la mitología, México, COLMEX, 2016.
  76. Arnaldo Momigliano, Ensayos de la historiografía antigua y moderna, México, FCE, 1993.
  77. _________________, La sabiduría de los bárbaros. Los límites de la helenización, México, FCE, Breviarios, 1988.
  78. Marc Bloch, Los reyes taumaturgos, México, FCE, 2017.
  79. Silvia Pappe (coordinadora), Debates recientes en la teoría de la historiografía alemana, México, UAM –Azcapotzalco, 2000.
  80. Pierre Nora, Pierre Nora en Les lieux de mémoire, Chile, Ediciones Trilce, 2009.
  81. Arnold Toynbee, Los griegos: herencias y raíces, México, FCE, 1988.
  82. George G. Iggers, La historiografía del siglo XX. Desde la objetividad científica al desafío posmoderno, México, FCE, 2012.
  83. Boris Berenzon Gorn (compilador), Historiografía crítica del siglo XX, México, UNAM, 2004.
  84. Evelia Trejo (compiladora), La historiografía del siglo XX en México. Recuentos, perspectivas teóricas y reflexiones, México, UNAM, 2010.
  85. Thomas S. Kuhn, La estructura de las revoluciones científicas, México, FCE, 2012.
  86. VV.AA., “Formas históricas de contar sueños” en Historia y grafía, México, Número 33, 2009.
  87. Norma Durán (compiladora), Epistemología Histórica e Historiografía, México, UAM –Azcapotzalco, 2017.
  88. Debora Dortinsky Alperstein, Danna Levin Rojo, Álvaro Vázquez Mantecón y Zirión Pérez (coordinadores), Variaciones sobre el cine etnográfico. Entre la documentación antropológica y la experimentación estética, México, UNAM/UAM –Azcapotzalco, 2017.
  89. Krzysztof Pomian, L’ordre du temps, Francia, Éditions Gallimard, 1984.
  90. François Hartog, Le XIXe siècle et l'histoire. Le cas Fustel de Coulanges, Francia, Presses Universitaires de France, 1988.
  91. _______________, La chambre de veille, Avec Felipe Brandi et Thomas Hirsch, Paris, Flammarion, 2013.
  92. _______________, De los antiguos a los modernos, de los modernos a los salvajes. Para una historia intelectual de Europa, México, Universidad Iberoamericana, 2015.
  93. _______________, Regímenes de la historia, México, Universidad Iberoamericana, 2007.
  94. _______________, Evidencia de la historia, México, Universidad Iberoamericana, 2011.
  95. Claude Lévi –Strauss, Antropología estructural. Mito, sociedad, humanidades, México, Siglo XXI Editores, 1979.
  96. Norma Durán, Formas de hacer la historia. Historiografía grecolatina y medieval, México, Ediciones Navarra, 2001.
  97. Michel de Certeau, La escritura de la historia, México, Universidad Iberoamericana, 2010.
  98. Michel Foucault, La arqueología del saber, México, Siglo XXI Editores, 2010.
  99. François Hartog, Mémoire d’Ulysse. Récits sur la frontière en Grèce ancienne, Francia, Gallimard, 1996.
  100. Rafael Fontán Barreiro (editor), Diccionario de la mitología mundial, México, Edaf, 1981.






martes, 29 de enero de 2019

Reseña: El 68’ y sus rutas de interpretación. Una historia sobre las historias del movimiento estudiantil mexicano. De Héctor Jiménez Guzmán


Por: Rebecca Grafía

El 68' y sus rutas de interpretación no se trata de una explicación sobre el 68' mexicano, se trata de un recuento historiográfico de los discursos que han interpretado el 68'. El autor se muestra siempre atento al horizonte de enunciación de los discursos, al mismo tiempo fuentes, que conformaron las rutas de comprensión y explicación de este "hecho histórico" que ha sido significado de múltiples formas, todas ellas, al su vez, complementarias. Héctor Jiménez Guzmán es sociólogo e historiador de formación, especialista en movimientos sociales y violencia política en México. Cursó la maestría en historiografía en la Universidad  Autónoma Metropolitana -Azcapotzalco, de la cual se desprendió la tesis "El 68 y sus rutas de interpretación: una crítica historiográfica" (2011) que daría paso a la presente obra. Conocí el trabajo de Héctor Jiménez cuando ingresé al posgrado. Realicé una lectura de su texto y la recuerdo particularmente porque me pareció que el autor realizaba un análisis magistral de las narraciones del 68' en México. El autor mostraba claridad de qué y cómo se quería analizar el 68', al mismo tiempo mostraba que el autor estaba consciente de los límites y alcances de su selección. No se trata de explicar el 68' sino de rastrear cómo se ha narrado, de ahí que conceptos centrales que desarrolla el autor son "relato", "los relatos del 68" y "el gran relato". Aunque por supuesto existe una reflexión de lo que el autor entiende y construye como el "68' mexicano" o "movimiento estudiantil". Una construcción que traza a partir de las fuentes consultadas y el análisis efectuado a todos esos relatos que se configuraron a partir del 68'.
El autor encuentra seis principales rutas de interpretación respecto al 68'. La ubicación de cada una se nutre de un análisis denso de fuentes que incluyen  los más diversos formatos, actores involucrados, apropiaciones, reinterpretaciones y omisiones. Narradas magistralmente cada capítulo es una ruta de interpretación del 68' un "cómo se ha dicho el 68' desde...".
Como consecuencia metodológica el autor se pregunta cómo, cuándo, quienes, con qué objetivos, en que formatos se ha explicado el 68', desde que ocurrió hasta ahora. De ahí se desprenden un total de seis rutas de interpretación sobre el 68'. El autor advierte que las fuentes podrían, sin duda, analizarse y jerarquizarse de modo distinto, pero es justo aquí donde encontramos la parte más original del libro pues el autor, explica cómo construye cada ruta qué información, que rasgos en común comparten las fuentes tales como objetivos, autores, formatos, etc. Consciente siempre de los límites y alcances que tal clasificación supone. Clasificación de una visión que siempre tiene presente el horizonte de enunciación de las mismas pero también un vaivén en esta relación pasado-presente en la que entra en juego la reinterpretación o revisión de los discursos del 68'.
Como decía la estructura del libro se ciñe a explicar las seis rutas de interpretación siguientes:
Los escritos de la conjura; obras que se ciñeron a la inmediatez del movimiento estudiantil y que siguieron los lineamientos del Gobierno mexicano en una interpretación de los hechos apologista y de justificación. Los escritos de la cárcel; son aquellos discursos reivindicativos de los líderes del 68' (o de aquellos que se autonombraron como tal) que pasarían luego a ser la base de lo que el autor ha denominado "el gran relato del 68'", ese relato hegemónico que se instaló en nuestro imaginario a la hora de hablar del 68'. A continuación, los ensayos de la ruptura; aquellos discurso que se desprendieron de la Academia y de las principales instituciones educativas involucradas como la UNAM y el IPN. Las interpretaciones militantes; constituyen la cuarta ruta de interpretación, aquellos discursos del 68' que se nutrieron y constituyeron la reapropiación del 68' en otros movimientos sociales de tinte izquierdista. Las cruzadas contra el mito, es como denomina el autor a todas aquellos discursos de corte revisionista, que cuestionaba principalmente el "gran relato del 68", en su mayoría estos discursos vinieron de los mismos que habían consolidado a este último. La última y más reciente ruta de interpretación corresponde a los inventarios de la violencia; aquellas interpretaciones que se han dado a raíz de la apertura paulatina de documentos oficiales, archivo, conmemoraciones, acciones legales entre otras, que no han dejado de producirse.
Una de las mayores contribuciones del autor es que pone en perspectiva la red de discursos que se han construido alrededor del 68', pues existe un constante diálogo entre la rutas trazadas, todavía con algunas con puntos que resolver y/o profundizar que el autor señala detalladamente a nota de pie de página y en general, en la prosa tan fluida que compone este relato del mosaico interpretativo que existe respecto al movimiento estudiantil en México. El autor deja en manos del lector los pendientes relativos a los resultados que arroja este balance historiográfico. Deja también la reflexión de pensar en las rutas de interpretación que existen para otros fenómenos sociales que se han nombrado ya como hechos históricos, coyunturas o procesos que nos dotan de una identidad histórica. La obra de Héctor Jiménez no se puede dejar pasar porque nos invita a pensar  cómo se ha pensado y narrado el 68'.


Reseña: el 68' y sus rutas de interpretación


martes, 15 de enero de 2019

Tips para terminar tu tesis



Por: Rebecca Grafía

Nos encontramos en un nuevo año y para muchos el arranque del 2019 puede ser el pretexto perfecto para terminar pendientes. Puede que estos sean personales, laborales y, ¿por qué no?, académicos. Independientemente de nuestra disciplina o nivel, la tesis es un tema recurrente a la hora de hablar entre colegas. Basta incluso con observar las redes sociales y ver las numerosas reacciones, comentarios, compartidos y más sobre “memes” que hacen alusión a la ardua tarea que resulta hacer la tesis. Si bien es muestra de que entre científicos sociales podemos tomar el tema con humor, también es cierto que la discusión está lejos de agotarse, especialmente si nos detenemos a preguntarnos seriamente dos cuestiones: ¿qué es una tesis? Y, ¿por qué puede ser tan tardado el elaborar una?
Desde mi experiencia y con el complemento de algunas lecturas y un sinnúmero de conversaciones con grandes amigos y maestros. Puedo decir que la tesis es más de una cosa. Por un lado, es parte de un trámite académico y burocrático que debemos cumplir para avalar nuestros estudios, esto si lo pensaste como vía de titulación principal, ya que actualmente las instituciones son más flexibles a la hora de pensar en vías de titulación. Por otra parte, es también un texto, es decir, debemos escribir, lo que se traduce en leer, redactar y corregir muchísimo. Y por último, se trata de una hechura y muestra de conocimiento. Lo que lleva a pensar que no se trata de un texto que busque entretener al lector, o hacer una reflexión abierta como un ensayo, sino que se trata de un aporte significativo a las discusiones sobre el tema, con ciertos estándares de forma y fondo de acuerdo al nivel.
Decidí dividir los consejos o tips que puedo compartir para que hacer la tesis sea una tarea mucho más llevadera o bien que nos ayude a desestancarnos en el camino. Porque como veremos más adelante, los factores que trastocan este proceso de escritura tan específica son muy variados y pueden aparecer en distintas etapas.

1.- ¿En qué etapa nos encontramos?
Lo primero que recomendaría es que realizaras un análisis de tu situación académica y emocional. Respecto a lo académico es preguntarte en qué etapa te encuentras. ¿Estás en licenciatura y vas a iniciar tu primer seminario de tesis?, ¿Estás a punto de iniciar un posgrado?, ¿Tienes ya un tiempo que no te has podido titular? De ser así, ¿cuántos años han pasado?, ¿tiene esto implicaciones burocráticas que puedan atrasarte aún más?
Es importante detectar en qué etapa nos encontramos porque eso permite realizar algunas acciones que prevengan nuestro atraso. Por ejemplo, si estás iniciando tu proceso de tesis, sea licenciatura, maestría o doctorado, procura conocer a tu asesor. Averigua sus líneas de investigación, las tesis que dirigido, lee sus publicaciones, averigua su forma de trabajar, etc. Todo esto con la finalidad de que tú pienses si te visualizas trabajando con él o ella. Es importante tener armonía con el asesor ya que es quien nos ayuda en este proceso y nos guía en la formulación de un proyecto breve pero significativo, que además debe culminarse a tiempo. En cualquiera de las etapas los asesores generalmente esperan que sea el alumno quien muestre interés, iniciativa y que sea propositivo a la hora de trabajar.
Es relevante tener claridad también sobre los lineamientos que se exigen en términos de “fondo” en cada uno de los niveles. Por ejemplo, en licenciatura se pide que los alumnos demuestren sus habilidades, el manejo de ciertas herramientas de la disciplina, el conocimiento de las discusiones relevantes sobre el tema y área que le interesa pero también que pueda llevar a cabo un argumento coherente, sintético y reflexivo que le permita desarrollar más adelante otras preguntas y vías de explicación que lo llevan a profundizar mucho más en el campo que le interesa.
En la maestría se espera que el alumno conozca las discusiones sobre el campo que le interesa pero que profundice en sus lecturas, que contraponga propuestas, que delimite un tema con el cual pueda ampliar su reflexión. En doctorado se espera que el alumno demuestre con su investigación una aportación significativa a las discusiones, puesto que ya tiene el conocimiento previo para hacerlo y también porque tendrá el tiempo para desarrollarlo, recordemos que en doctorado son dos años de formación y dos años para redactar generalmente.
De igual forma, en todos los niveles se pide que el trabajo sea sintético. Esto en parte por la abundancia de fuentes y autores que puede haber de cualquier tema (especialmente si las pensamos internacionalmente) y si pensamos que estamos sujetos a plazos que cumplir, el abundar en el tema no es una buena opción. Por otra parte, hay que recordar que dedicarse a  la investigación es largo, realmente la formación nunca termina, podemos especializarnos y continuar con temas relacionados a nuestro interés común durante décadas, mantenernos actualizados y abonar en la discusión.
Para terminar con esta categoría, te diré que reflexiones un poco en cómo te encuentras emocionalmente. Casi siempre al inicio de un posgrado o cuando estamos por arrancar la investigación de nuestro tema, especialmente en la recopilación y análisis de fuentes, nos encontramos eufóricos, queremos abarcarlo todo. Por el contrario, pasado el tiempo podemos sentirnos frustrados y/o estancados con nuestro tema. O bien aburridos y completamente desanimados si ya ha pasado mucho tiempo desde que terminó la etapa escolarizada en tu licenciatura o posgrado. No se trata de cambiar nuestras emociones de un día a otro, sino más bien de ser realistas para que esto nos permita pasar a una segunda etapa que sería el diagnóstico del problema.

2.- Detectar el problema
Una pregunta implícita que sugiere el libro Cómo obtener un doctorado es ¿realmente quiero hacer la tesis? Para el nivel licenciatura y si en tu institución se manejan otras opciones para titularte la pregunta sería ¿realmente quiero titularme por tesis?, ¿Tengo tiempo?, ¿Recursos?, ¿Me siento motivado(a) para hacerlo? Para el caso de maestría o doctorado, muchas veces es ya casi durante o al final del proceso que nos damos cuenta de que dedicarnos a la investigación o un grado en el área que elegimos no era lo que realmente queríamos. Lo cual hace que nos alejemos de alternativas que nos permitan realizar lo que sí deseamos. Así que es muy válido que tu pienses en otras opciones o bien que decidas realizar otra cosa. Por otra parte, si estas sujeto a términos de cumplimiento por que estuviste becado y debas cumplir, quizá sea otro el problema.
Al ingresar a un posgrado, podemos llegar a tener dos reacciones. En ocasiones sobreestimamos la maestría o el doctorado, creemos que debemos hacer una gran investigación, llevar a cabo un trabajo que “descubra” algo nuevo o bien que cree un cambio de paradigma, cuando esto no es así. Como ya expliqué antes, menos es más. Se trata de realizar una investigación coherente, detallada pero al mismo tiempo acotada. Lo cual por supuesto es un balance difícil y lleva tiempo, así que es necesario que seas realista ya que en maestría son solo dos años y en doctorado cuatro. Ya habrá mucho tiempo para que puedas profundizar.
También llega a suceder que, por el contrario, subestimamos el posgrado. No entendemos lo que implica la investigación: muchísimo trabajo y tiempo invertido. Puede ser que hayamos pasado mucho tiempo en la “vida real” antes de ingresar a un posgrado, o bien que no queramos dejar nuestros empleos, de ahí que nos cueste más esfuerzo mantener el ritmo y cumplir con el perfil que se espera del investigador. Para el caso de México, CONACyT permite sólo cierto número de horas en caso de que quieras percibir beca y trabajar. Se recomiendo que si no es posible o deseable dejar el trabajo pues que este sea algo que en lo que ya tengamos experiencia y que no involucre mucho esfuerzo intelectual o físico, pues el cansancio no nos permitirá trabajar.  Recuerda que la redacción es la parte más ardua y tardada a la hora de pensar en la tesis, así que si la beca te permite dedicarte de tiempo completo a ello hazlo, ya que pasado el tiempo puede que te veas obligado a ahora sí tomar un trabajo y no tendrás tiempo para redactar. Ahora bien, si no es posible hacer esto, deberás trazarte un horario de redacción de por lo menos seis horas a la semana.
Otro factor que influye muchísimo y que es crucial no solo en el resultado de la tesis si no en nuestra experiencia en el proceso de investigación o nuestro paso por el posgrado es el asesor. Suele pasar también que lejos de ser una guía puede ser que el asesor entorpezca nuestro trabajo, esto sucede cuando los asesores no entienden el perfil que deben cumplir en cuanto a ser una guía para el alumno, que estén saturados de trabajo o bien que sea muy difícil mantener el contacto con él o con ella. Si es posible mediar alguna situación por medio del diálogo y la organización, hazlo. Generalmente los asesores coinciden en esperar que el estudiante sea autónomo, pero esto no quita que el alumno tiene derecho a obtener la guía necesaria durante el proceso. Si no hay un entendimiento y la dinámica está retrasando sobremanera la investigación será mejor pasar a un cambio de asesor.
De manera personal nunca me he visto obligada a esta situación, pero si recomendaría que si vas a hacer este trámite lo hagas a tiempo. Creo que no se debe dejar pasar más de un semestre para el caso de la maestría y un año para el caso del doctorado. De nuevo pensando en que estamos sujetos a tiempos, y además en que viene a ser un trámite que trastoca varias aristas como el comité de titulación, el propio asesor o la coordinación correspondiente al posgrado. Puede ser también que esta decisión genere molestias al profesor o profesora, especialmente porque se perdió tiempo y, además, recordemos que ellos también están sujetos a cumplir ciertos requisitos como docentes –investigadores.
Por último, pero no menos importante, también puede ser que el problema tenga que ver con trámites burocráticos, alguna materia pendiente. O bien, que pasaras por una experiencia personal que vino a desestabilizar tu rutina y proceso de investigación, sea que algún familiar haya fallecido, que alguien de nuestra familia esté enfermo, que nos veamos obligados a aceptar un empleo, etc. De ser así, el diagnóstico deberá ser mucho más personal y minucioso para que puedas pasar a un plan de acción.

3. Trazar un plan de acción
Una vez que hemos realizado nuestro diagnóstico personal y detectado el problema sigue trazar un plan de acción. Primero que nada, debemos considerar las alternativas que tenemos y aprovecharlas. Por ejemplo, muchas instituciones ofrecen cursos de titulación en las que se puede desarrollar tesis o tesinas para los alumnos extemporáneos. A pesar de esto muchos alumnos no lo consideran una opción, piensan que quizá su producto final no tendrá calidad o bien están renuentes a pagar una cuota. En esto último, tenemos que pensar que si nos encontramos en una situación en la que ya ha pasado un tiempo considerable desde que estuvimos en el posgrado o en etapa escolarizada, nosotros ya no somos la prioridad de los profesores. Lo son aquellos alumnos que van a tiempo y por los cuales ellos están brindando un servicio y percibiendo un salario. Así que, en todas las instituciones se te pedirá que pagues este servicio extra de alguna u otra forma. En mi caso no existía esta alternativa, tenía que seguir haciendo entregas a mi asesor a pesar de estar trabajando cumpliendo un tiempo completo en bachillerato, lo cual me dejaba exhausta y con muy poco tiempo para leer, escribir o corregir Sin embargo, durante el tiempo que estuve en esa situación, que fueron casi dos años, tuve que seguir pagando mis cuotas escolares e inscripción para mantener mi calidad de estudiante y poderme titular una vez concluida la tesis.
Desarrolla un plan que te permita establecer metas a corto, mediano y largo plazo. Y retomar el contacto con tu asesor y lectores. Merece la pena detenernos en estos últimos. Una buena opción siempre es que alguien más lea tu trabajo, algún colega o compañero, sean en la etapa que te encuentres. Pero, pensando en los lectores que formarán parte de tu examen profesional, es muy importante que una vez que ingreses al posgrado pienses en quiénes serán tus lectores pues incluso en alguno de los casos puede ser que llegue a sustituir a tu asesor en caso de que las cosas no funcionen como lo esperado. Del mismo modo que con tu asesor, conoce a  tus lectores, investiga sus líneas, publicaciones, etc. Especialmente pensando en lo que podrían sugerirte o pedirte en tu trabajo a fin de evitar futuras discordancias o malentendidos, toma esta decisión en coordinación con tu asesor.
Por último te recomiendo que sintetices tu proyecto, que seas constante y disciplinado con la rutina de trabajo que debas trazar. Toma en cuenta tus actividades, tu horario de trabajo, tu situación personal y destina un tiempo fijo en tu agenda para la redacción de tu tesis. Con un poco de organización y constancia muy pronto verás que concluyes tu trabajo.

Bibliografía sugerida y utilizada:
Estelle M. Phillips y Derek S. Pugh, Como obtener un doctorado. Manual para estudiantes y tutores, España, Editorial Gedisa, 2001.




martes, 13 de noviembre de 2018

¿Qué es la “operación historiográfica”?: Reseña a Michel de Certeau


Por: Rebecca Grafía

La escritura de la historia, obra de Michel de Certeau es ya una lectura fundamental al hablar de historiografía. Entendida la escritura como práctica histórica, el autor busca encontrar las particularidades y cambios de los siglos XVI al XX en la misma. El autor explica que al inicio había pensado realizar una cronología y cómo después paso a repensar este acomodo fuera de una visión lineal de la historia. Se trata entonces de una cronología entendida como una distinción del “otro”. De lo que se era antes y que ya no se quiere ser más. Una primera otredad que traza el historiador es “pasado” y “presente”. Hay muchas más, precisamente para Certeau es crucial analizar cómo se define el “otro” que distingue a la práctica histórica de un periodo a otro.
En el siglo XVI la práctica histórica se vio influenciada por la geografía y la etnografía, la identidad de trazó frente a un nuevo “otro”: el salvaje. Luego vinieron los siglos XVII y XVIII, en donde Certeau ubica un desplazamiento de la historia cristiana a una historia humana, en donde la primera pasó a ser tomada como “representaciones” de un pensamiento supersticioso. Certeau considera que aquí hay una deuda de análisis pues, es precisamente en la tensión entre una y otra que encontramos la relación entre ideología e historia. Por último, en el siglo XX, Certeau ubica dos momentos, el primero con el psicoanálisis de Freud y el segundo con la “industria historiográfica”, en donde se ubica la “operación historiográfica”.
Todos estos momentos son analizados por Certeau en la segunda parte de su obra, no sin antes aclarar primero algunas cuestiones teóricas y metodológicas que me parecen por demás interesantes. Certeau ubica su presente en lo que él denomina “un despertar epistemológico” con obras como la de Serge Moscovici, Michel Foucault, y Paul Veyne.[1] El análisis del discurso histórico es hecho dese la tesis que Foucault desarrolla en su Arqueología respecto al discurso. Vemos como Certeau rechaza un “metalenguaje” que de significado a todo, el reconocimiento del lenguaje como objeto de estudio hizo repensar el discurso, sus mecanismos de reproducción y sus representaciones. A las ciencias no les ha quedado más remedio que observarse a sí mismas respecto al conocimiento que producen. La disciplina histórica no ha quedado fuera, es un nuevo momento a la hora de pensar en historiografía. Certeau entiende por historia una práctica (un lugar que reglamenta el quehacer histórico) y sus resultados (relato), entre estos dos hay una relación de producción.
La “operación historiográfica” es cómo funciona la práctica histórica, la escritura de la historia. Certeau analiza el discurso histórico, ubica que tiene un lugar de producción, hay grupos que se conforman con el objetivo de validar y preservar un discurso, con mecanismos de divulgación específicos. Al mismo tiempo, es una práctica, que se ubica en el intermedio entre naturaleza y cultura, siendo el discurso histórico parte de lo segundo. Es un conocimiento creado que trata de aprehender la realidad, en este caso una realidad pasada y hacer tangible por medio de la escritura. Lugar, práctica y escritura están históricamente condicionados, Certeau apunta a una historicidad de la historia. Nuestra relación con lo “real” ha cambiado y hemos pasado de un “sentido” universal en la historia a una multiplicidad de “sentidos”. El conocimiento histórico se mira a sí mismo y reconoce sus límites, ha abandonado la idea de una historia global para centrarse en lo particular y en lo discontinuo. Aunque claro, todo lo anterior no ha estado exento de resistencias discursivas.
Aun así, Certeau insiste en que no porque la perspectiva haya cambiado, el conocimiento histórico carece de sentido o que su valor sea menor. Ha cambiado el criterio de verdad, de conocimiento, de historia incluso, el historiador está obligado a reconocer su presente, los preceptos de los que parte, los límites de su discurso, se trata de no solamente crear un relato que explique los preceptos teóricos utilizados, recordemos que para Certeau es primordial esa construcción del “otro” que realiza el historiador: un tiempo frente a otro, un sujeto a diferencia de otro. Los cambios epistemológicos trajeron consigo que trazar el otro no fuera tan sencillo, hay una cierta pérdida de evidencia respecto a cómo hacerlo. La práctica histórica ha perdido orientación, son otros los problemas a repensar respecto al discurso histórico, su creación, validación y divulgación.

Bibliografía:
Michel de Certeau, La escritura de la historia, México, UIA, 1993.









[1] Esto en la década de los 70’. La obra de Certeau es de 1976, pero ya refiere a la obra de Serge Moscovici “Essai sur l’histoire humaine de la nature” (Ensayo sobre la historia humana de la naturaleza) de 1968, Michel Foucault, “La Archéologie du Savoir” (La Arqueología del saber) de Foucault de 1969 y Paul Veyne, “Comment on écrit l'histoire: essai d'épistémologie” (Cómo se escribe la historia: Foucault revoluciona la historia) 1971.

martes, 6 de noviembre de 2018

¿Qué es el “presentismo”?: Reseña a François Hartog


Por: Rebecca Grafía

Tanto en La Chambre de Veille[1] como en Regímenes de historicidad,[2] Hartog narra su experiencia en Berlín en 1990 y de cómo aunque el muro había sido derrumbado, eran latentes dos experiencias de tiempo a cada lado de la “frontera”, que se podía ubicar en el paisaje urbano; comparando las tiendas, calles, y fachadas.[3]
Respecto al título de su obra Regímenes de Historicidad, el autor comenta que el término “régimen” es polisémico, pero que evoca a muchos tipos de “registros”.[4] ”Régimen”: la palabra reenvía al régimen alimenticio (regimen, en látin; diaita en griego), al régimen político (politeia), al régimen de ventas o aún más al régimen de un motor. Ellas están allí como metáfora, evocando dominios algo diferentes pero que tienen al menos, de grado, mezcla, compuesto y equilibrio siempre provisional o estable.[5]
Por otro lado, ¿por qué historicidad y no temporalidad? Porque Hartog se refiere a este paso del “soi à soi”, que llama historicidad con Ulises, quien al no disponer de las categorías, cuando escucha el canto del aedo narrando lo que él había vivido en Troya no puede sino decir, con lágrimas en los ojos: “soy yo”, para aprehender el pasado y reconocerse. “Esta experiencia es la que designo cuando hablo de historicidad, esta experiencia fundamental de no coincidencia del sí con el sí, que no es otra cosa que la banal constatación del tiempo que ha pasado”.[6]
“Nadie duda de que existe un orden del tiempo o, mejor dicho, órdenes que han variado de acuerdo con los lugares y los tiempos. En todo caso, se trata de órdenes tan imperiosos que nos sometemos a ellos sin siquiera darnos cuenta: sin querer, e incluso no queriéndolo, sin saberlo o a sabiendas, de tan obvios que resultan; órdenes contra los que choca quien intenta contradecirlos.”[7] En esta obra Hartog de nuevo entreteje continuidades y rupturas del régimen antiguo al moderno, del moderno al antiguo, y por último, del moderno al contemporáneo, en un vaivén de autores y obras que le permiten ir de lado a lado, pensando en el tiempo como un actor, que tiene diferentes formas de ser vivido y representado, enfatizando así las posibilidades de uso de la noción heurística “regímenes de historicidad”.
El autor confiesa que, por su parte le llevó tiempo para comprender que, en la antropología histórica, la cuestión que le interesaba era la de nuestra relación con el tiempo. Así, sería con la publicación en francés de Le Future passé de Koselleck en 1990, que le interesó el tiempo histórico moderno, con otras preguntas que lo fueron llevando a reflexionar que nuestra relación con el pasado y con el futuro se ha visto trastocada a tal grado que nos lleva a vivir en un “presentismo”, en un presente omnipresente, un presente que no pasa.
El “motor” de la obra Regímenes de historicidad es la interrogación por el tiempo, profundizando además sobre el término “presentismo”. “Retrospectivamente, creo que la caída del muro de Berlín, liderado por el imperio soviético, fue el mayor acontecimiento.[8] Vivíamos con la idea de que el orden del mundo estaba arreglado, sino para siempre, si por lo menos mucho tiempo. El comunismo no era más un horizonte indispensable, pero el tiempo del mundo bipolar estaba relativamente “congelado”. No es que permaneciera como un tiempo nulo, sino por el contrario, permanecía en cada límite. Un curso galopante hacia el progreso fundado en la aceleración permanente de la “conquista” espacial (de Gagarina a “el hombre en la luna”, en 1969) y la “carrera” armamentista eran dos imperativos poco discutidos. Se hablaba de la reunificación de Alemania pero la gente no creía que fuera posible realmente.[9]
Hartog ubica dos momentos significativos 1968 y 1989. En el primero, la conjugación del futurismo de la revolución con un anclaje en el presente y en una valorización fuerte de lo inmediato. Mayo 68’ marcó un hito para una interrogación del tiempo. Después vino 1989, un mundo sin revolución y desintegrado. El autor recuerda el artículo de Francis Fukuyama sobre el “fin de la historia”. Fukuyama, politólogo americano, no se refería a que fuera el fin de todo, en el sentido apocalíptico, al contrario, para él el “fin” en el sentido de “objetivo”, de “meta”, por fin ha llegado para la historia: la democracia liberal, justificado en un recuento de historia universal. Lo interesante para Hartog es que la obra da elementos que llevan a preguntarnos sobre el presente.
La reflexión continúa hacia el patrimonio, el cual Hartog ubica como síntoma de la reaparición del término de identidad, “lo cual no es otra señal de nuestras relaciones con el tiempo. La identidad devino en inquietud: ¿Cómo reconocer la identidad? Y ¿cómo defenderla?”.[10] Surge en la década de los 80’ un cuestionamiento hacia el futuro, que viene a acompañar justo la problemática del patrimonio, y a sustituir el presente de ese momento. Lo cual viene a confirmar la hipótesis presentista.
Sin embargo, no se trata de que el “presentismo” se deba definir diferenciándolo del “futurismo” o del “paseísmo”, es una noción que señala que el presente domina. La singularidad del régimen presentista tiende a ser que no hay más que el presente, y el “presente” ya no visto de la misma manera (que en el pasado), pues se trata de un presente extendido, y constantemente cuestionado o “tomado con las manos en la masa”, porque lo vivimos al ritmo del instante y se vuelve obsoleto casi al mismo tiempo. Sucediendo tanto en lo cotidiano como en lo profesional. Un ejemplo de esto es cómo los “acontecimientos” son presenciados por miles de espectadores a través de los medios de comunicación o redes sociales, en “tiempo real”, aunque esta es una expresión de la cual Hartog es muy crítico y no la utiliza como sinónimo de “presentismo”, pero reconoce el papel de los mass –media en la medida en que la novedad pasa pronto. “El problema del “presentismo” es que no sabemos cómo articular, pasado, presente y futuro.”[11]
El boom de la “memoria” es otro síntoma de este “presentismo”, aunque la memoria no se reduce a este. Hartog se refiere a la interpretación dada a la memoria, es directamente proporcional al contexto presentista. Según Hartog, el régimen moderno teníamos el “telos”, proporcionado en gran medida por la historia, y, ahora, al no haber más “telos”, nos encontramos sin “iluminación”, no sabemos a dónde vamos ni de dónde venimos. Todo está al alcance de una información a otra, de una distracción a otra, de una catástrofe a otra.”[12] No se trata tampoco de que el “presentismo” sea un intermediario ante un futuro catastrófico, en cualquier caso, “¿por qué tendría que ser así?”, si bien vivimos distintas crisis, entender por qué la visión que predomina es desoladora es lo que le inquieta al autor.
Entonces, ante todo este panorama, ¿cómo articular de nuevo las categorías del pasado, el presente y el futuro? Pues, hasta ahora “el ser humano no se había negado a estas categorías, eran una constante para él. Con estas categorías construye su existencia, para dar sentido a sus acciones, para elaborar las reglas en comunidad, para saber qué hicieron sus muertos y, más perturbador aún, los desparecidos. Como cuando Ulises, no entendía el canto del aedo, era incapaz de reconstruirse, diríamos ahora”.[13] El diagnóstico del “presentismo” se refiere a una desestabilización del tiempo. Se refiere a cómo pensar este momento de crisis, de brecha, los unos y los otros. Y, además, cómo se han percibido las desorientaciones en distintos tiempos, en los Antiguos, Modernos y Contemporáneos. De ahí la utilidad del término “régimen de historicidad”, porque no es un sinónimo de temporalidad, y permite ver distintos regímenes que conformaron alguno como el régimen antiguo, en el que se encuentro al régimen heroico, el antiguo y más adelante el cristiano. Lo que le interesa al autor son las implicaciones temporales en cada época, desde distintos puntos de vista, desde distintas experiencias. De ahí sus “saltos” a Heródoto, Tucídides, San Agustín, Chateaubriand.
Entonces, ¿se trata el “presentismo” de un síntoma o de un momento? Es cierto que el autor lo ha utilizado indistintamente, pues lo vemos en prácticas que todavía “están siendo”, y de las cuales aún no tenemos suficiente “futuro pasado”. Sin embargo, más importante que definirlo, es que a Hartog le permite aproximarse al fenómeno que designa, igualmente inestable. Le permite interrogarlo. Por ejemplo, puede ver más de un tipo de “presentismo” y aquí se apoya en la literatura cuando cita la novela de Cormac McCarthy The road (“La carretera”, 2006), en la que se muestra un presente después de un tiempo apocalíptico, un presente que no pasa, que no tiene dirección. Pero también está la novela experimental Falling man (“El hombre que cae”, 2007) de Don DeLillo, inspirada en los hechos del 9/11, otro tipo de acontecimiento presentista, en el que se nos mostró lo que ocurrió al momento mismo. Regímenes de historicidad se escribió poco después de estas lecturas.
Respecto a si el “presentismo” es producto de la crisis del régimen moderno o se establecerá cómo un régimen de historicidad, la respuesta es incierta. Algunos han criticado el tono “nostálgico” de Hartog al hablar del “presentismo” y la pérdida del régimen moderno, a lo que el apunta que no es relevante su opinión, sino el hecho de que nos mostramos inconformes con el régimen actual, ¿por qué? Se trata para él de recordar la tarea del historiador, de relacionar pasado-presente. “El historiador, es aquel que se desplaza entre pasado y presente, para justamente mostrar la manera en que operan las sociedades en la búsqueda de articular pasado, presente y futuro. Y cómo esta negociación es siempre vuelta a reanudarse, porque los términos son, por definición, escurridizos. El historiador, trabajando desde su chambre de veille, en la medida de lo posible, debe llegar a ser un vigilante del tiempo.”[14]

Bibliografía:
Georg G. Iggers, La historiografía del siglo XX. Desde la objetividad científica al desafío posmoderno, México, FCE, 2012. (Véase con especial atención introducción y capítulos 1-5).
François Hartog, avec Felipe Brandi et Thomas Hirsh, La chambre de veille, Francia, Flammarion, 2013.
_____________, Regímenes de historicidad, México, Universidad Iberoamericana, Colección: “El oficio de la historia”, 2007.









[1] François Hartog, avec Felipe Brandi et Thomas Hirsh, La chambre de veille, Francia, Flammarion, 2013. Es un libro de entrevistas.
[2] François Hartog, Regímenes de historicidad, México, Universidad Iberoamericana, Colección: “El oficio de la historia”, 2007.
[3] Esto nos recuerda a la conferencia tomada con el Dr. Giovanni Fresta en la UAM –Azcapotzalco el 8 de junio por la materia de Representación del tiempo y el espacio del Posgrado en historiografía. En dónde se llegó a una lectura de la frontera y el tiempo, en la que no sólo vemos como la noción cambia a través de la historia, es decir, tiene historicidad, sino como también el traspasar fronteras nos desplaza también a otra experiencia de tiempo. Ambos fenómenos pueden verse representadas en distintos tipos de paisajes.
[4] François Hartog, La chambre de veille…, p. 130.
[5] François Hartog, Regímenes de historicidad, p. 15.
[6] François Hartog, La chambre de veille…, p. 131.
[7] François Hartog, Regímenes de historicidad…, p. 19.
[8] Otros autores han señalado ya que en su momento la caída de la URSS y la unificación de Alemania fueron acontecimientos totalmente impredecibles. Véase Georg G. Iggers, La historiografía del siglo XX. Desde la objetividad científica al desafío posmoderno, México, FCE, 2012, p. 219.
[9] François Hartog, Le chambre de veille…, pp. 151-152.
[10] Ibidem., p. 154.
[11] Ibidem., p. 156.
[12] Ibidem., p. 158.
[13] Ibidem., p. 158. Hartog se remite aquí a la historicidad de nuevo. Retoma la idea de Hannah Arendt, quien señala que en este canto de La Odisea, presenciamos una conciencia de historicidad. Podemos hablar también de la identidad, del “yo”. Identidad en la que se relaciona pasado, presente y futuro. No es posible ni deseable vivir en el puro presente, necesitamos del pasado para orientarnos y del futuro para proyectarnos, pero ambos siempre sujetos a un presente enunciativo, la memoria juega un papel crucial, para saber de qué presente se trata y el olvido forma parte de esta memoria personal. Se necesitan los dos en la justa medida, el olvido involuntario, pero también el olvido forzado. ¿Qué pasa cuando está el olvido de manera patológica, incontrolable que nos obliga a vivir en un “presentismo”? La identidad se pierde casi por completo, como con Leonard, el personaje principal de la película Memento (Nolan, 2000) quien debido a un trauma cerebral, vive con los recuerdos de antaño, pero es incapaz de aprehender nuevos recuerdos.
[14] Ibidem., p. 181.

De historiador a historiador

Universidad Veracruzana Facultad de Historia EE Didáctica de la historia Actividad: De historiador a historiador Modalidad: Charla Virtual F...