martes, 2 de octubre de 2018

Tips para sobrevivir al posgrado



Ingresar a un posgrado es difícil, pero al ingresar el llevar a cabo un recorrido satisfactorio requiere de planeación, paciencia y mucha constancia. Algunos de ustedes me han hecho distintas preguntas que me llevaron a pensar en tips para sobrevivir en el posgrado, sea nivel maestría o doctorado.

1)    Planeación financiera
Actualmente las becas CONACYT en nivel maestría es un aproximado de $11,200 pesos, para doctorado el ingreso es de $14,700, en ambos caso se trata de un depósito de mensual, no quincenal, dentro de los primeros 3 a 4 días hábiles de cada mes. Es importante que tomes en cuenta esto para tus gastos personales, que dividas tus ingresos en aquellos pagos fijos de los cuales no puedes prescindir como renta, comida, servicios, etc. Es necesario considerar dentro de estos compromisos las cuotas escolares de reinscripción, créditos, así como materiales en cada semestre o trimestre. Esto varía de acuerdo a la institución, así que es importante que te informes de los costos. Por otro lado, también tendrás que considerar si tu posgrado es semi-presencial, al menos los dos primeros años para doctorado y el primero para maestría hay que asistir a una serie de clases-seminario y es importante contemplar traslados y hospedajes. También será necesario que cumplas otros requisitos como asistencia a congresos nacionales e internacionales o bien a estancias de investigación. Para ambos casos se trata de una inversión a tu educación, los gastos necesarios deberás planearlos con anticipación, así como también informarte por otro tipo de apoyos adicionales de parte del posgrado para este tipo de actividades.
2)    Organización y constancia
El posgrado es un proceso muy arduo en el que estamos inmersos en la recopilación de datos o fuentes, revisiones, lecturas, escritura, reescritura, edición y así sucesivamente hasta que culminamos nuestros estudios. Es necesario trazar una rutina que nos permita dedicarnos diariamente a nuestra investigación y también a las materias que cursamos. Si tienes beca CONACYT significa que estas de tiempo completo, es decir, que debes dedicar 8 horas diarias a tu posgrado, puedes dividirlo en jornadas (en mi caso dedico cuatro horas en la mañana y cuatro por la tarde). Organiza tu trabajo de lectura, fechas de entrega, citas con tu asesor, mails que tengas que enviar, etc., por semana, mes y trimestre o semestre según sea el caso. La planeación es muy importante pues nos permitirá no abrumarnos con el trabajo y aprovechar nuestro tiempo de la manera más eficiente posible. Crea una rutina de trabajo, ya sea que te sientas más cómodo trabajando en tu casa, en la biblioteca o en algún café. Sea cual sea no sueltes esa rutina y procura que sea diaria. Los avances son poco a poco, recuerda que cada jornada puede variar, pues nos podemos dedicar a leer, a escribir, a editar, consulta de fuentes, etc. La investigación comprende de distintas etapas pero en cada una de ellas la constancia es clave.
3)    Trabajar o no trabajar
Si eres becario CONACYT significa que estás dedicándote de tiempo completo a tu posgrado. Aun así, se permite que los becarios trabajen un promedio de ocho a doce horas semanales. Particularmente recomendaría que si tienes beca te concentres de tiempo completo a tu investigación, pues lo cierto es que el posgrado requiere que sea así, es un trabajo arduo que requiere horas de estar solo, concentrado, leyendo o escribiendo. Es necesario cumplir con las fechas de entrega puntualmente. Recuerda que uno de los objetivos principales del posgrado es que termines a tiempo tu investigación. Es muy fácil conforme pasa el tiempo, comenzar a distraernos con otras actividades o trabajos, procura que eso no ocupe mucho tiempo y también trata de que tu tema sea acotado, congruente al lapso de tiempo que tienes en maestría o doctorado. No te compares con los demás, cada caso es diferente. No todos tienen los mismos intereses a la hora de ingresar a un posgrado, ni la misma situación laboral o familiar. He conocido compañeros que deciden prescindir de la beca y continuar a trabajando y aun así terminan a tiempo y con calidad sus investigaciones. Así que todo es cuestión de organización y constancia.
4)    Cómo comportarse con los asesores.
He dicho ya anteriormente que es necesario antes de ingresar a un posgrado conocer a la planta docente, ya que es recurrente que se nos pregunte quién nos gustaría que nos asesore. Es importante entonces realizar una exploración previa para que conozcas las tesis que ha dirigido el investigador que te interesa, si es posible que te contactes con ex asesorados suyos que pudieran describirte su forma de trabajar, no dudes en hacerlo. La química y el compromiso son clave para que el proceso de investigación sea exitoso. Los asesores esperan que tanto el alumno de maestría, y especialmente el de doctorado, sean mucho más independientes en su proceso de investigación. Esperan leer más que planes de trabajo o primeros borradores. Esperan también que sigas sus consejos en caso de pedirlos. En mi caso particular, nunca me he visto en una situación límite que me obligue a cambiar de asesor, pero lo cierto es que nunca hay condiciones ideales en este tipo de dinámicas. Cada asesor trabaja de forma diferente, al mismo tiempo tienen otros compromisos que cumplir como clases, otras tesis o investigaciones propias, pero es importante que no pierdas la comunicación con ellos. Si se llega a presentar una situación en la que sea imposible continuar trabajando con el asesor asignado como puede ser: pérdida de contacto, falta de compromiso, atraso en lecturas, violencia, discriminación, etc. Será necesario que cuentes con evidencia que respalde el por qué es inevitable el cambio de asesoría. Es una decisión que involucra a la planta docente y a la coordinación del posgrado, por lo que es necesario que tengas información que respalde tu inconformidad, como puede ser: mails, entrega de avances sin correcciones, citas que no se cumplieron, etc. Todo lo anterior con el afán de que el alumno no sea el afectado, en la medida de lo posible.
5)    Apoyarse en la comunidad
El posgrado y, en general, el proceso de investigación es un camino arduo y solitario. Sin embargo, debemos considerar que los grandes cambios de paradigmas o contribuciones teóricas que llevaron a repensar cualquier tipo de conocimiento, no se dieron de la noche a la mañana sino que fueron producto del trabajo de comunidades científicas y de más de una generación. Incluso contribuciones “personales” de figuras como Marx o Einstein por ejemplo no se dieron en sus tesis doctorado sino después, cuando el conocimiento y contribución a los paradigmas ya existentes los llevaron a formular otras preguntas que luego se convertirían en “conocimiento nuevo”.
Sería imposible negar que existe un alto grado de competitividad en los ámbitos especializados de cualquier disciplina, que nos llevan a una competencia insana y poco productiva, al estanos comparando con los demás en cuanto a publicaciones, premios o resultados. Cuando lo cierto es que debería prevalecer la comunicación, el intercambio y los proyectos en conjunto. Quizá sea difícil pensar en un ambiente así cuando la competencia laboral es ardua, existiendo pocos espacios para desarrollarnos profesionalmente y mucha gente tan preparada. Aun así que creo que es necesario que las nuevas generaciones vayamos trascendiendo este tipo de dinámicas y que aprovechemos también otro tipo de plataformas para el intercambio de materiales y resultados.






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martes, 25 de septiembre de 2018

¿Qué es la historia del tiempo presente?


Por: Rebecca Grafía

Paul Ricoeur ha señalado tres tipos de relaciones que tenemos con el pasado: la memoria, la historia y el olvido, título además de su última obra. El historiador es aquel que se encarga de cuidar la relación con el pasado desde el punto de vista histórico. El propio quehacer histórico y el historiador tienen historicidad, es decir, su práctica, sus intereses y sus fuentes han cambiado a través de la historia misma. Uno de los cambios más interesantes se dio en el siglo XX, cuando en Francia comenzaron a surgir trabajos que se preocupaban por periodos históricos mucho más recientes, como el periodo de entreguerras o la Segunda Guerra Mundial. En 1979 se creó el Instituto de Historia del Tiempo Presente[1] en París Francia, en el que participaron investigadores de la Escuela de Altos Estudios de Ciencias Sociales y el Centro Nacional de Investigación Científica.[2] Entre sus principales intereses estaban la Segunda Guerra Mundial y el periodo de entreguerras, la memoria y el testimonio, y repensar la relación pasado-presente-futuro. Darían espacio a otro tipo de investigaciones como la historia oral, la historia de las mujeres, historia de lo político, historia de las ciencias sociales, entre otras.
Que se planteara el objetivo de repensar la relación pasado-presente y futuro nos introduce a hablar de la postura que tomaron estos intelectuales. Por un lado, se desprendían de la historia tradicional, la cual había criticado severamente los intentos de historiar el presente y, por el otro, rechazaban cualquier filosofía de la historia, pues se trataba de repensar nuestra relación con el tiempo histórico, pero no más como un tiempo dado o predeterminado en el que todos estamos envueltos. Sino como una relación que cada presente construye y, pensarlo así, obliga a dar cuenta de la multiplicidad de tiempos y espacios que coexisten.
Las principales críticas versaron en la falta de perspectiva histórica; cómo superar la pasión partidista o la mera anécdota periodística. La imposibilidad de llegar a una visión de conjunto de problemas. La imposibilidad de identificar ciclos que puedan conducir a una teorización. Otros problemas historiográficos que se señalaron fueron lo relativo a las fuentes, la selección de documentación, la crítica, la metodología, la periodización, los contornos y territorios, así como su relación con otras ciencias sociales, y, además, su calidad “científica”.[3] Podemos ver como todas estas críticas se apoyan en una visión de la historia e historiografía tradicional, apegada a un método histórico con herencias un tanto positivistas, en el sentido de una búsqueda de cierto tipo de cientificidad. Precisamente los defensores de la historia del tiempo presente descartan la mayoría de las críticas anteriores diciendo que surgen de un determinado paradigma del cual buscaban alejarse.
Los investigadores reconocen la relación que existe entre el surgimiento de la historia del tiempo presente y su contexto, enfatizan que la demanda social fue un factor crucial que obligó a los científicos sociales a repensar un presente que exigía ser explicado.[4] La necesidad de entender nuestro presente fue una demanda social que no sólo los historiadores han intentado satisfacer desde los 60’, pues también los medios de comunicación se congregaron a la tarea de entender y explicar el presente. La globalización, el régimen de historicidad presentista y la multiplicidad de temporalidades, son las nociones principales que se mencionan a la hora de explicar el surgimiento de la historia del tiempo presente.[5] El historiador Hugo Fazio asegura que la historización del presente es crucial para nuestra sociedad actual, necesidad que se agudizó a partir de las décadas de los 70’ y 80’. Describe la historia del tiempo presente a partir de una lectura de lo inmediato, que tiene divisiones respecto a sus contribuciones pero que al mismo tiempo no puede negarse su resonancia. Asimismo ubica otros problemas que pueden ser tratados por la historia del tiempo presente: la reflexión del cómo pudieron haber sido las cosas y las representaciones que tiene el pasado en determinado presente.[6] Otros enfatizan el carácter del “presente” como una construcción cultural.[7]
Hasta aquí nos hemos enfocado en Francia, la institucionalización de la historia del tiempo presente no se detiene ahí. Los alemanes la trabajaron como “Zeitgeschichte”, los italianos como “historia modernissima” y los anglosajones como “current history”. Actualmente es posible encontrar una gran variedad de institutos que se especializan en la historia del presente, siendo abundantes por ejemplo en Latinoamérica, en dónde la memoria como objeto de estudio ha resultado una prioridad en las investigaciones.[8]
Antes de concluir me gustaría concluir con una reflexión de François Hartog sobre el régimen presentista, especialmente porque es retomado para explicar el surgimiento de la historia del tiempo presente. Hartog, quien sigue las categorías de Koselleck para pensar nuestra relación con el tiempo, habla de cómo cada presente ha construido y representado su vínculo con el pasado, con el futuro y con el propio presente. Si bien reconoce que esta construcción varía en los espacios, se enfoca en Grecia y Europa para explicar cómo se gestó el régimen historia magistra vitae que permeó hasta el siglo XVIII, luego el régimen moderno y, a partir de 1989, Hartog comienza a ver un cambio en nuestra relación con el tiempo, en la que hay una preocupación incesante por el presente, un “presentismo”.[9] Un presente constante y que no cesa, pero que nos tiene atrapados en la paradoja de estar preocupado por el pasado, pero de mano de la memoria y el patrimonio. Por otro lado, es un presente que nos dibuja un futuro catastrófico. Cabe destacar que este “presentismo” es un síntoma de nuestra relación con el tiempo que se puede manifestar de diversas maneras: The Road (novela), el 9/11, tiempo real, etc.
¿Cuáles son las ventajas y desventajas de pensar una historia del tiempo presente? En el sentido social y práctico nos lleva a pensar la función social del historiador, en el sentido teórico epistemológico nos lleva a tratar de repensar o construir nuevas categorías para abordar otros problemas temporales, especialmente porque en ocasiones se trabaja un presente que todavía está siendo.






Bibliografía:
François Bédarida, Definición, método y práctica de la Historia del Tiempo Presente, artículo en línea: file:///C:/Users/Usuario/Downloads/7848-7931-1-PB.PDF
Josefina Cuesta Bustillo, La historia del tiempo presente: estado de la cuestión, artículo en línea: http://revistas.usal.es/index.php/0213-2087/article/view/5714/5748.
Hugo Fazio Vengoa, La historia del tiempo presente: una historia en construcción, artículo en línea: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=81111329004
Julio Arostegui, Reseña a La historia del tiempo presente: historiografía, problemas y métodos, en https://revistas.unal.edu.co/index.php/achsc/article/view/28095/35994
____________, Julio Arostegui, La historia del presente, ¿una cuestión de método?, artículo en línea: file:///C:/Users/Usuario/Downloads/Dialnet-LaHistoriaDelPresente-1036594.pdf 
François Hartog, Regímenes de historicidad, México, UIA, 2006.
_____________, Evidencia de la historia, México, UIA, 2011.




Sitios de interés:
-De la Red de estudios de la violencia
https://redestudiosrepresion.wordpress.com/
-Grupo de estudios interdisciplinarios sobre pasado reciente, GEIPAR (Uruguay):http://www.geipar.udelar.edu.uy/
-Grupo de Investigación “Estudios del Tiempo Presente” (España):http://www.historiadeltiempopresente.com/web/
-Red Interdisciplinaria de Estudios sobre Historia Reciente, RIEHR (Argentina):http://www.riehr.com.ar/index.php
-Red de estudios sobre la represión y violencia política (Argentina):
-Grupo de Investigación en Historia Reciente, Universidad de Navarra:
-Centro Documental de la Memoria Histórica (España):
-Agency of the Federal Commissioner for the Stasi Records (BStU), Alemania:
-Institut d’histoire du temps présent – IHTP, Francia :
-Asociación de Historiadores del Presente, España:
-Institut für Zeitsgeschichte, Alemania:
-Institute of Contemporary British History, Gran Bretaña:




[1] François Bédarida fue el primer director del instituto y desde un inicio trazó los objetivos, preocupación y metodología a seguir por la historia del tiempo presente. Consúltese: Definición, método y práctica de la Historia del Tiempo Presente, artículo en línea: file:///C:/Users/Usuario/Downloads/7848-7931-1-PB.PDF
[2] Josefina Cuesta Bustillo, La historia del tiempo presente: estado de la cuestión, artículo en línea, p. 230: http://revistas.usal.es/index.php/0213-2087/article/view/5714/5748.
[3] Ibidem., p. 233 y ss.

[4] Para más de las circunstancias de su aparición véase: Pierre Sauvage, Una historia del tiempo presente, artículo en línea, p. 61 y ss., en: http://www.redalyc.org/pdf/811/81111329005.pdf.
[5] Hugo Fazio Vengoa, La historia del tiempo presente: una historia en construcción, artículo en línea: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=81111329004 y Julio Arostegui, Reseña a La historia del tiempo presente: historiografía, problemas y métodos, en https://revistas.unal.edu.co/index.php/achsc/article/view/28095/35994.
[6] Hugo Fazio Vengoa, La historia del tiempo presente: una historia en construcción, p. 51.
[7] Julio Arostegui, La historia del presente, ¿una cuestión de método?, artículo en línea: file:///C:/Users/Usuario/Downloads/Dialnet-LaHistoriaDelPresente-1036594.pdf.
[8] Consúltese el sitio: http://historiadelpresente.org/
[9] Véase especialmente las obras: Regímenes de historicidad y Evidencia de la historia. En esta última Hartog nos dice que: “El ascenso del testigo en el espacio público era, en efecto, un claro indicio de los cambios de coyuntura y, en particular, del lugar que tomó, de ahí en adelante, la categoría del presente”, p. 205.

martes, 18 de septiembre de 2018

Tips para editar y reescribir


Por: Rebecca Grafía

En esta ocasión continuamos con los consejos brindados por Howard Becker en su libro Manual de escritura para científicos sociales como empezar y terminar una tesis, libro o un artículo. Ya hablamos un poco sobre cómo iniciar a escribir con el “borrador plumazo”, la identificación de ideas principales y secundarias, nos dimos cuenta de lo que queremos decir y, también que hay distintas formas de hacerlo. A partir de ahí nos fuimos a un segundo borrador un poco más documentado, aunque todavía pensándolo con la libertad de ser un borrador. Ahora bien, este segundo borrador más amplio es el que toca editar y reescribir. Becker aconseja editar de oído, es decir, leerlo en voz alta y a conciencia para identificar algunos “errores” que entorpecen nuestra escritura, y, por tanto el entendimiento del lector. El objetivo principal de escribir, es hacerlo de una manera que el lector entienda de la manera más clara y concisa lo que quieres decir. Este proceso, nos dice Becker, es creativo y no es a la primera, se trata de mucha práctica, por lo cual es mejor ver las tareas de editar y reescribir, como algo divertido ya que si no será un proceso mucho más tedioso.
Editar de oído se trata de leer en voz alta y darnos cuenta de que si algo suena bien es porque está bien, si algo no suena bien es porque no está bien. Es escuchar a conciencia cada una de las palabras que elegimos y preguntarnos: ¿es realmente lo que quiero decir? ¿Esta palabra ayuda o entorpece mi argumento? Becker señala que en este proceso, más que hacer uso del lenguaje lógico –matemático hacemos uso de la heurística, la corrección es creativa. Por lo mismo, es importante leer cosas que estén fuera de nuestra profesión, darnos cuenta de que hay múltiples formas de comunicar lo que queremos decir, así como los distintos usos de las palabras. El problema de solo leer materiales de nuestra profesión es que terminamos repitiendo los mismos vicios y problemas a la hora de escribir que, como ya vimos están sujetos a criterios de validación, pues queremos que nuestro discurso sea plausible y aprobado por una comunidad especialista que tiene determinados criterios de aceptación. Aun así, para Becker, es posible escribir diferente, hacer textos más comprensibles, causar un impacto al lector, etc. Aunque claro habrá resistencias en el camino.
Lo cierto es que no existe mucha crítica a la prosa de un escritor académico, generalmente es algo que no es tomado en cuenta y cuando se señala es común escuchar excusas como “yo no nací con el don de la palabra”, “se trata de un texto académico no literario”, etc. Cuando lo cierto es que la buena escritura se desarrolla con el tiempo, se requiere práctica y constancia, pero también errores, muchos errores.
Veamos entonces algunos tips para la corrección de nuestros borradores (no importa cuántos sean, pueden pasar hasta 10 borradores antes de llegar a un manuscrito y aun así las cosas terminadas están sujetas a reediciones, en suma, la escritura es un proceso abierto).

 Cambiar oraciones pasivas por oraciones activas
Se trata de introducir un agente en la acción, la afirmación, la argumentación, etc. Esto con el propósito de atraer al lector. Hay que eliminar todas las muletillas, “carraspeos” o palabras rimbombantes y repetidas que no son específicas ni necesarias para lo que queremos decir. Por ejemplo: “… toda una vida de arduo trabajo…” por “una vida de arduo trabajo”.
Es importante resaltar que cada cambio que realices abre nuevos caminos, las posibilidades son infinitas, pero se trata de encontrar la manera más clara y precisa de lo que queremos comunicar. Es un ejercicio tedioso pero necesario, Becker dice que requiere tiempo aunque no tanto como creemos, eso sí, la corrección debe ser renglón por renglón, palabra por palabra para detectar problemas. Se trata de ajustar la lente para tener una visión más enfocada, pero en el texto.
Las palabras innecesarias no tienen lugar puesto que sólo engañan al lector. Cuidemos que nuestras palabras no suenen a “conceptos” que no hemos explorado o definido con claridad, puesto que llaman la atención, insinúan profundidad y sofisticación donde no la hay y, además, posteriormente podrías ser cuestionado por su uso. Cada oración puede presentar problemas que a primera vista son “teóricos” o “metodológicos” cuando en realidad son de sintaxis o bien producto del abuso de palabras innecesarias.
Las oraciones con agentes activos tornan más comprensibles y creíbles nuestras representaciones. Por ejemplo; “el criminal fue sentenciado” (oración pasiva) por “el juez sentenció al criminal” (oración activa). Becker denuncia que casi todas las versiones de teoría social insisten en que actuamos para producir vida social, pero la sintaxis de ciertos investigadores afines a estas teorías parece decir lo contrario, pues omiten a los actores perdiéndose en la voz pasiva. Aunque el autor no lo menciona, me parece que ello también tendría que ver con la búsqueda de objetividad de algunas ciencias sociales y con la forma en que ha sido acordado deben de ser los trabajos académicos.

 Pocas palabras
¿Por qué introducimos frases o palabras que no van? Hay múltiples razones dice Becker, para demostrar modestia, por temor a estar equivocados, etc. También porque pensamos que si decimos lisa y llanamente lo que queremos expresar, entonces cualquiera podría decirlo, creemos que debe sonar profundo para ser científico. Solemos apegarnos a ciertos formatos por legitimidad de nuestra área, pero lo cierto es que terminan siendo texto con poca aportación y aburridos para el lector. Becker aconseja revisar nuestros textos y preguntarnos si podríamos decir lo mismo con el menor número de palabras posibles. De ser así, hay que corregir.

 Repetición
Se trata de evitar la reiteración si no es necesaria. Por ejemplo: “un banco se ve diferente cuando está habitado por encargados de limpieza que cuando está habitado por bancarios”. Lo repetitivo distrae, si lo omitimos se puede crear una oración más interesante y completa.

Estructura y contenido
Los pensamientos expresados en una oración afirman o implican algún tipo de conexión. De ahí que debamos ser tan cuidadosos a la hora de editar o reescribir, ¿estoy relacionando de forma que comunico lo que realmente quiero decir? Por supuesto, hay varias formas de exponer, se puede jugar con las posibilidades de cómo contar algo, recordando siempre que el orden afecta el argumento. ¿Nuestra exposición se trata de un orden jerarquizado, entrelazado, de iguales? Lo anterior depende de qué queremos decir. La sintaxis es la manera en que ordenamos los elementos de modo tal que su sintaxis también configure el argumento y que no interfiera con la comprensión del lector.

Concreto/abstracto
Becker afirma que los académicos, sociólogos y los científicos sociales en general empleamos demasiadas palabras abstractas, en el fondo debido a que no tenemos nada específico. Por ejemplo, cuando decimos que “dicho fenómeno social es complejo”, para Becker eso no dice nada salvo un “créanme hay mucho trasfondo aquí”, lo cual se puede decir de casi cualquier cosa. Hay que ser cuidadosos con las generalidades simplonas.
Independientemente de nuestro público lector, podemos lograr una escritura legible y memorable editando y reescribiendo de manera específica y concreta. Cuando suprimimos frases largas y pomposas por frases más compactas, la idea se vuelve más nítida y específica.
Si hablamos de abstracciones y necesitamos ejemplos hay que elegirlos con sumo cuidado, ya que estos traerán repercusiones en la argumentación en general.

Metáforas
Becker narra cómo los temas habituales de revistas académicas están repletas de metáforas, sin importar si se trata “de sociología, historia, psicología, en casi todas hay cháchara trillada metafórica”. Por ejemplo; en las reseñas se leen cosas como “parece faltar una vuelta de tuerca”, o “el estudio abarca un amplio terreno”, o “se ocupa de temas empobrecidos por su contexto”, etc. Pareciera, dice Becker, que el documento es más científico si contiene un montón de palabrerío metafórico. Por lo general, en los textos que revisaba el autor, eliminaba todas las metáforas. A menos que alguna fuera el hilo conductor y correcto de la argumentación principal.
El uso correcto de metáforas implica seriedad y atención pues existen distintos tipos. Tomar conciencia de ello nos permite utilizarlas intencionalmente y a sus matices también.

Editar de oído y reescribir es una “acción zen de prestar atención” nos dice Becker. Los borradores se pueden escribir rápidamente y con descuido porque luego tendemos tiempo de reescribirlos. Los escritores ponen mucha atención a lo que han escrito, observan y analizan el uso que dan a cada palabra. Cuando ponemos atención, los problemas comienzan a resolverse.
Basada en mi experiencia al seguir los consejos de Becker, y en la reciente presentación de avances que tuve, añado otros consejos que pueden ser útiles en esta etapa:

           Paciencia
Como ya dijo Becker, la escritura y corrección son procesos creativos. No es a la primera, se trata de práctica y de un vaivén de actividades. Leemos material, tomamos notas, hacemos fichas, borradores, corregimos, editamos, reescribimos, nos regresamos, etc. Toma tiempo, pero siendo constantes podemos avanzar mucho en poco tiempo, especialmente porque vamos persiguiendo la claridad y nos vamos dando cuenta por dónde continuar o en dónde detenernos por un momento.

Piensa en tu lector
Becker narra como otro tipo de borrador plumazo que hacía era el platicar una síntesis breve del artículo o libro que estuviera trabajando a algún amigo o colega y darse cuenta de en dónde el escucha lo seguía en su argumento y en dónde se perdía, o bien en que puntos él estaba en lo correcto al verlos relacionados y en dónde la conexión era un tanto forzada o un callejón sin salida y mejor dejarlo así por el momento. Lo mismo aplica a la hora de recibir comentarios por parte de tus compañeros o lectores en seminario. Detectar en dónde, por más claros que tratamos de ser, hay confusión o no se entendió lo que queríamos decir. Revisar y corregir.

Distintas fases en el proceso de escritura
El protocolo es parte fundamental para el proceso de escritura, pero no es lo más importante. No debemos aspirar a corregir múltiples veces el protocolo para que se ajuste a aquello que “sí queremos decir” conforme vamos haciendo avances en nuestra investigación. Se trata de partir de una idea, hacer borradores, hacer manuscritos, ensayos y aproximaciones, en los que vayamos detectando estos vaivenes entre lo que creíamos cierto y lo que fuimos encontrando para luego dar una argumentación detallada y honesta de nuestros resultados. No hay que pensarlo como “esto ya es parte del capítulo tal…” porque puede ser que no quede acomodado así al final. En el “borrador plumazo” hicimos fichas y nos fuimos por partes realizando un ensayo por tema. Se trata de hacer aproximaciones, ajustes y reacomodos, aunque claro vamos avanzando en la escritura. Así, la redacción final de la tesis, artículo o libro será más fácil.

Ir por partes
Podemos dejar un ensayo en el “segundo borrador” y volver a él más tarde para corregirlo. Así nos podemos ocupar de otras partes, de otras lecturas, o comenzar otro borrador plumazo. Recuerda que la escritura no es un proceso lineal, sino creativo, en el que cabe la retrospección para dar claridad a lo que escribimos.



Bibliografía:
Howard Becker, “Editar de oído”, en Manual de escritura para científicos sociales como empezar y terminar una tesis, libro o un artículo, Siglo XXI, Argentina, 2011, pp. 99 -113.




lunes, 27 de agosto de 2018

Las relaciones entre memoria y discurso. Un problema transdisciplinar.


Por: Rebecca Grafía
En la historia, la memoria y el olvido.
En la memoria y el olvido, la vida.
Pero escribir la vida es otra historia.
Inconclusión
Paul Ricoeur

Primera parte: la relación memoria e historia.

Para este primer apartado pretendo responder la pregunta: ¿En qué medida, el libro de Ricoeur, La memoria, la historia, el olvido, aporta insumos teóricos para repensar historiográficamente nuestro presente, nuestra idea sobre la historia y la memoria? Ricoeur menciona que los grandes fenómenos relativos al pasado son el mnemónico (memoria) y el histórico (historia), versando entre ellos el olvido. Cada uno corresponde una sección de su obra.
Una relación de diálogo la que se da entre memoria, historia y olvido. La selección de diálogo no es casual, pues es parte del método de explicación/comprensión que el autor utiliza para dar estructura a su obra, pero también para iluminar las aporías, a la manera de diálogo platónico, y puntos ciegos de las problemáticas que envuelven esta intrincada relación.
La primera parte, “De la memoria y de la reminiscencia” tiene tres ejes de análisis: Memoria e imaginación; en donde se discute la herencia griega. Desde Platón cuando habla de la memoria como la representación presente de una cosa ausente hasta la afirmación aristotélica: “la memoria es del pasado”. Siguiendo con un esbozo fenomenológico de la memoria, desde un principio se enuncia lo que casi al final de su obra se retomará: la relación entre ser (en sus múltiples formas) y el tiempo (la memoria es del pasado), desde una perspectiva que incluye la memoria y el olvido. Explorando algunos fenómenos de la memoria como el habito -memoria, la evocación -búsqueda, la memoria -percepción, la memoria -espacio o el recuerdo lugar, etc. Aquí encontramos el vínculo inseparable entre la problemática del tiempo y el espacio, en concreto el de su representación. Ese subapartado cierra con la comparación entre imagen y recuerdo: representación. Siendo Husserl la guía, aunque cerrando con Sartre al decir que “si recuerdo un acontecimiento de mi vida pasada, no lo imagino, me acuerdo de él, es decir, no lo planteo como dado ausente, sino como dado presente en el pasado.”
El segundo eje versa sobre los usos y abusos de la memoria ejercida. Anteriormente el autor expuso el enfoque cognitivo de la memoria, en el sentido de búsqueda, explorando además la noción de reminiscencia e imaginación. Ahora se trata de la memoria desde un punto de vista pragmático, la memoria como esfuerzo o trabajo. Acordarse es entonces una memoria ejercida. Apoyándose en Bergson y Freud, Ricoeur revisa las proezas de la memorización, así como sus usos y abusos: rememoración, memoria -hábito, memoria aprendizaje, memoria ars memoriae (retórica, mito fundador, escolásticos hasta llegar al método científico), etc.
Luego vienen los abusos de la memoria natural: la memoria impedida; en cuanto enfoque patológico, aquí Ricoeur se apoya en las categorías del psicoanálisis freudiano, se habla del olvido en relación con el duelo, aunque, y esto lo comentaré mas adelante, no es retomado en la última parte que versa sobre el olvido. Memoria manipulada (plano práctico); usos y abusos de la memoria y el olvido, la memoria dirigida abusivamente; memoria obligada, nivel ético -político, en dónde es importante mencionar que, según Ricoeur, lo que hay que examinar es la relación del deber de la memoria con la idea de justicia, esto será retomado para la última sección respecto al perdón, y, en general, a lo largo del libro, pues todo lo que es memorable, justo, injusto, necesario de olvidarse, injustificable, imperdonable, etc. está sujeto a una condición histórica.[1]
El cierre de la sección dedicada a la memoria viene con la reflexión de la memoria personal y la colectiva. Primero, la tradición de la memoria desde la mirada interior: Agustín; el carácter privado de la memoria, “mis recuerdos” “mi pasado” y como orientación temporal, John Locke, “identify” y “consciusness self” y Husserl, la interioridad de la memoria y el tiempo. Me apoyaré en algunas de estas consideraciones para la segunda parte, cuando hablemos de la noción de identidad.
La mirada exterior se vuelva en Halbwachs y su obra La memoria colectiva, aunque también se toma en cuenta la obra precedente Los marcos sociales de la memoria. Halbwachs dice “para acordarse, necesitamos de los otros”. En su obra se habla de las representaciones colectivas y del pensamiento colectivo, Ricoeur más adelante señala la separación que existe igualmente en esta obra respecto a memoria histórica y memoria colectiva pues “memorias hay muchas, pero historia sólo hay una” o la correspondencia de la memoria histórica con la memoria nación y el monumento son algunos ejemplos de la idea de historia que manejaba el autor en la construcción de una determinada noción de memoria.
En resumen, y así termina el apartado de memoria, son tres los sujetos que pueden atribuirnos recuerdos: el yo “íntimo”, el colectivo; en las prácticas sociales y serán los “allegados” el punto intermedio de referencia en el que se realizan intercambios entre la memoria viva de las personas individuales y la memoria pública.
La segunda parte, “Historia y epistemología” es la que más me gustó del libro y, me parece la más completa del autor o al menos me siento más familiarizada pues Ricoeur se apoya en Michel de Certeau para aproximarse a los problemas epistemológicos que podemos encontrar en la “operación historiográfica”, en concreto en cada una de sus “fases”[2] y su relación con la memoria y el olvido, aunque es precisamente en el plano epistemológico donde “la autonomía de la historia respecto a la memoria se afirma con más fuerza”.[3] La primera fase es la documental, se exploran las condiciones formales como el espacio habitado; espacio en el que se desplazan los protagonistas de una historia narrada y el tiempo en el que se desarrollan los acontecimientos narrados. El tiempo histórico; desde el espacio vivido, geométrico y habitado. Así como el tiempo crónico y la mutación historiadora del tiempo en: Aristóteles, Agustín, Kant y Husserl. Ricoeur cierra refiriéndose a la obra de Krzytof Pomian en el que se habla de tiempo como: cronometría, cronología, cronografía y cronosofía. Al final de este ensayo me referiré a cómo afecta la visión que podemos tener de la memoria y la identidad si tomamos en cuenta el análisis del tiempo cronosófico y la explicación de Ricoeur respecto al tiempo histórico como una construcción de la Geschichte, apoyándose en Koselleck. La lectura de Ricoeur trastocó profundamente mi visión respecto al tiempo, al tiempo histórico cómo objeto de estudio. El testimonio, el archivo y la prueba documental son otros de los “contenidos de las cosas pasadas” que explora Ricoeur como componentes de la “primera” fase.
La “segunda” fase es la “Explicación/comprensión”. Aquí reaparece la “representación”. ¿Cómo ha sido abordada por los historiadores? La Escuela de los Annales, de acuerdo a Ricoeur, se aproximaba ya a una preocupación por la representación, pero se refirieron y limitaron a ella como “mentalidades”. Vendrá luego un análisis de la representación siguiendo a “los maestros del rigor”: Michael Foucault, Michel de Certeau y Norbert Elías. Posteriormente el paso de la idea de mentalidad a la de representación, así como sus límites y alcances para concluir en la dialéctica de la representación.
Por último, y la fase que me parece más interesante, “la representación historiadora”. Ricoeur distingue en la noción de representación la de representación -narración; las formas narrativas de la representación y el problema de la narración-explicación, representación y retórica; la función selectiva de las figuras de estilo y de pensamiento, ¿qué pasa cuando se convence persuadiendo?, la representación y los prestigios de la imagen; la confrontación entre el relato histórico y relato de ficción en lo que concierne a las formas literarias, así como el poder de la imagen, y, por último, pero sin duda la que me parece más profunda: la “representancia”; la capacidad del discurso histórico para representar el pasado. Aquí emerge una de las tesis principales y más importantes del autor: la historia es historia escrita, el pasado es pasado narrado. Es algo que ha sido pero que sigue siendo, pues la historia está sujeta a la reescritura, en una formulación ilimitada de relación entre el pasado del presente, el presente del presente y el futuro del presente. De ahí que sea el término “representancia”, refiriéndose a este proceso constante y dialógico. Algunos puntos aquí comienzan a trastocar en las líneas de la filosofía crítica de la historia. Así, el tercer y último apartado de la obra, corresponde a la condición histórica en dónde se profundiza además en las nociones centrales que preocupan a Ricoeur: el olvido y el perdón.
Paul Ricoeur plantea una reflexión de segundo grado, sobre las condiciones de posibilidad de este discurso (histórico). Esta reflexión “está destinada a ocupar el lugar de la filosofía especulativa de la historia en el doble sentido de historia del mundo y de historia de la razón.” La pregunta principal es: ¿qué es comprender según el modo histórico? Hay dos vertientes que nos pueden ayudar a responder esta pregunta: la crítica y la ontológica. La primera se refiere a un examen crítico que equivale a la validación de las operaciones “objetivantes” propias de la epistemología, las cuales se abordaron en la primera parte de la obra. La segunda, corresponde a la hermenéutica que intenta expresar las presuposiciones que el autor denomina “existenciarias”, tanto del saber historiográfico efectivo como del discurso crítico procedente son “existenciarias” en el sentido de que estructuran la manera propia de existir, de ser en el mundo, de ese ser que cada uno es. Se podría utilizar el término historicidad, pero Ricoeur prefiere hablar de “condición histórica”.
El saber histórico se aborda en la obra de Ricoeur desde la perspectiva de la hermenéutica crítica y, en este apartado, desde la hermenéutica ontológica. Primero, Ricoeur apunta que la filosofía crítica de la historia como una rama de la hermenéutica, en el sentido de que interroga sobre la naturaleza del comprender. Analiza la ambición más alta asignada a la historia por la filosofía romántica y posromántica alemana, en concreto el ensayo de Reinhart Koselleck “Geschichte”. La historia como un singular colectiva, la historia en sí y para sí. La semántica de conceptos históricos sirve para cuestionar la autosuficiencia que se encuentra en la “historia -misma”, aquella historia con telos, lineal, que en su aspiración construía las bases que culminarían en el progreso.
“Espacio de experiencia” y “horizonte de expectativa” son categorías que ayudan a discernir los cambios que afectaron el tiempo histórico y los rasgos de la visión de los modernos respecto al cambio histórico, de ahí el título de la obra de Koselleck “Futuro pasado”, el sentido de que el futuro al que la historia (Geschichte) aspiraba, ya no, es más. Es un futuro que ya no existe ni se aspira a él. Es el futuro de cierto pasado. (Pero si ya desde Walter Benjamín se criticaba de alguna manera el telos histórico, ¿por qué en lo cotidiano seguimos con esta idea de progreso-nación -historia? ¿cómo es que se mantiene esta continuidad? Claro que, comienza a haber resquebrajamientos como los que ahora ponen en evidencia con las resistencias sociales de los Estados -Nación frente a la globalización). Si bien hay una ruptura con la visión englobadora de la historia, “¿es posible escribir de historia desde un punto de vista cosmopolita?”.[4] Queda pendiente entender la reflexión sobre el doble debate sentido de la historia, como conjunto de acontecimientos sucedidos y conjunto de enfoques sobre acontecimientos.[5]
Ricoeur continúa con una crítica a la apología de la modernidad, pues esta expresión siembra la confusión de linealidad temporal de la recurrencia histórica. Aun así, la singularidad histórica es casi igual de aporética que la totalidad histórica. Entonces, ¿puede pensarse nuestro tiempo y cómo? Ante el abandono de a historia, de los usos del pasado del término modero, intentamos ahora distinguir nuestra modernidad, aunque esto se inscribe todavía en algunos límites de la temporalidad lineal y de cierta nostalgia del telos. El discurso de la modernidad cambia con la pretensión de caracterizar nuestra época a diferencia de otra, como la distinción de antiguos -modernos, por ejemplo. La posmodernidad es otra fase en la discusión de la modernidad, en la que hay un rechazo de la significación moderna.
Ricoeur sitúa el problema del juez y el historiador, en los límites del conocimiento histórico. Se explora como cada uno se aproxima al espacio público, al deseo de imparcialidad y su lugar en el espacio ciudadano -democrático. Dentro de este apartado emergen algunas nociones correspondientes a la filosofía crítica de la historia como son el deseo de imparcialidad, el de unicidad/singularidad y el de la representación de lo inaceptable. Se despliega un análisis del “acontecimiento” desde el enfoque jurídico e histórico. Se critica también el “paradigma indiciario” de Ginzburg y cómo se transmite que en el se encuentra toda la operación historiográfica cuando en realidad corresponde sólo a la primera fase.
La reflexión de la historia en cuanto a su proyecto de verdad, recae en la reflexión de la interpretación. Paul Ricoeur no habló de la interpretación antes, salvo brevemente en la segunda parte cuando se abordó la representación en la operación historiográfica. Ello porque la interpretación procede más bien de la reflexión de la representación, pues se reúne en todas las fases de la “operación historiográfica”, subrayando así a la vez la imposibilidad de la reflexión total del conocimiento histórico sobre sí mismo y la validez del proyecto de verdad de la historia dentro del límite(s) de su espacio de validación. La interpretación se ha discutido en el marco de la objetividad vs. subjetividad, una visión canónica, en la que se exige al historiador conocimiento y compromiso social, en este caso, institucional. Ricoeur recorre algunos que se han aproximado a la interpretación como Raymond Aron, Henri Irenée Marrou y René Remond.
El subapartado “Historia y tiempo” señala el paso de la hermenéutica crítica a la hermenéutica ontológica dirigida a la condición histórica en cuando a modo de ser insuperable. Ricoeur recuerda la fórmula aristotélica: “el ser se dice de múltiples formas”. Este es el preámbulo de una vuelta al análisis del “ser”, que lo lleva inevitablemente a Heidegger en cuatro puntos principales: distinguir el modo de ser que somos, siempre de otro modo de ser, la temporalidad que “constituye no sólo una característica importante del ser que somos sino la que, más que otra, señala la relación de es ser con el en cuanto a ser”.[6] Heidegger propone un análisis de la temporalidad que articula las tres instancias temporales del futuro, del pasado y del presente. Además de ordenar la tripartición de la experiencia temporal, propone una jerarquización original de los modos de temporalización: temporalidad; fundamental, aquella orientada al futuro, la historicidad, en donde prevalece la relación historia -memoria y la intratemporalidad, el ser en el tiempo (presente). La fórmula recuerda, dice Ricoeur, a la desarrollada por Agustín en “Confesiones”: el presente del pasado en la memoria, el presente del futuro en la espera y el presente del presente en la intuición (atención).
Las reflexiones al olvido y “el perdón difícil” corresponden la última parte de la obra. El olvido en cuanto a destrucción de huellas o persistencia de las mismas, Ricoeur analiza antes la noción de huella. El olvido de rememoración, aquella parte de la memoria que corresponde o se da gracias al olvido, ¿puede hablarse entonces, así como con la memoria, de usos y abusos del olvido? Según Ricoeur sí, y estos se encuentra en el olvido y la memoria impedida, el olvido y la memoria manipulada y el olvido impuesto o la amnistía. Todos ellos lejos de centrarse en una conclusión precisa. A mí parecer es la parte del olvido la que deja más dudas en la obra de Ricoeur. Se percibe una cierta correspondencia negativa hacia el olvido. No se retoma el olvido de manera positiva en el sentido de que olvidar es también pasar página, pues el olvido es parte de la historia. A pesar de haber hablado antes de duelo, Ricoeur no profundiza en la necesidad del olvido para la continuación del ser en el tiempo, se limita a preguntar por qué un pasado como el Shoáh se rehúsa a pasar. Cuestión que, en todo caso podrán, según el autor, plantear los interesados en la historia del tiempo presente, pues el pasado continúa siendo y se trata de un pasado reciente.
Ricoeur en su lectura recuerda a Pierre Nora respecto a cómo después de la pérdida de la historia -memoria, vienen la preocupación por preservar los lugares de la memoria, como vehículo que permite referenciar un poco de continuidad, se verá sobrepasada por el fenómeno de la conmemoración. También habla sobre los usos y abusos de la memoria, y de cómo se buscó hacerla objeto de estudio, pero no parece haber en Ricoeur un recelo hacia el ascenso de la memoria como lo hay por ejemplo con Hartog, quien lo ve como síntoma de un presentismo latente, que de nuevo es producto de este resquebrajamiento que viene a trastocar nuestra relación con el tiempo. Mientras que Hartog se muestra escéptico frente a la historia del tiempo presente, Ricoeur pareciera estar más receptivo, aunque algunas consideraciones esbozadas en “El juez y el historiador” no fueran tampoco retomadas para profundizar sobre la memoria como suplente de la historia ni sobre cómo hablar de la historia del tiempo presente.
El perdón difícil será el cierre de una serie de problemas epistemológicos y fenomenológicos que encierran la relación con el pasado en la memoria, la historia y el olvido. ¿Qué es el perdón? Ricoeur lo mide en la profundidad de la falta y la altura del perdón. ¿Institucionalmente es posible dar el perdón? La culpabilidad criminal y lo imprescritible, la culpabilidad política y la culpabilidad moral serán discutidas. Así como el don de perdonar, el perdón frente a la promesa, el primero se formula en el presente, respecto a un pasado, y la segunda versa en una proyección a futuro. ¿Es posible el perdón incondicional? ¿Cuándo se da el perdón qué condiciones juegan entonces? ¿Podremos conducirnos a una memoria feliz?

Segunda parte. La noción de identidad. (¡¡¡SPOILERS!!! TE RECOMIENDO VER LA PELÍCULA DE "MEMENTO" PRIMERO)


¿Cuáles son las condiciones sociales y culturales que intervienen en la construcción identitaria de un individuo o nación? Si bien Ricoeur despliega múltiples insumos teóricos para repensar historiográficamente nuestro presente, nuestra idea de la historia y la memoria, me gustaría para esta reflexión final enfocarme en los que encuentro mayor desafío personal por comprenderlas y que me parece deben ser tomadas en cuenta para pensar la identidad en términos individuales y nacionales. El primero sería la cuestión del tiempo histórico, entendido ahora como la construcción -aspiración que tuvo la historia (Geschichte) en el siglo XIX de manera culminante, esta proyección lineal del tiempo con inclinación al futuro. La cual ha obtenido críticas desde entonces y de manera más enfática a lo largo del siglo XX. Esta historia Geschichte enmarca la concepción de nación, o más aceradamente, la idea genealógica de nación, que, si bien ha sido discutida ya por corrientes antigenalogistas y multiculturales continúan los problemas conceptuales en la forma de aproximarnos a la nación, la idea de nación o de su representación.
Vimos con Halbwachs cómo algunas ideas de este tipo enmarcan su construcción de la historia que lo lleva a distanciar la memoria histórica de la memoria colectiva. Pierre Nora advierte que “ya no se celebra la nación, se estudian sus celebraciones”.[7] La nación ahora además se ve amenazada por una creciente globalización, y si bien el telos ha quedado atrás, parecen resurgir resistencias que parten de las ideas del XIX, latente en los neo-nacionalismos y agudizado por nuevos problemas como la demografía y la migración.
Nuestra relación con el tiempo ha cambiado drásticamente de la percepción que se tenía en la consolidación de la historia -ciencia. Tenemos ahora la obligación de reconocer el pasado del presente, el presente del presente y el futuro de este presente. Así como el pasado de presentes “pasados”, el presente de presentes “pasados” y el futuro de presentes “pasados”. Claro que la humanidad progresa, pero no en todos los espacios se conforma el mismo tiempo, hay que repensarnos históricamente en nuevos tiempos y espacios.
Podemos hablar también de la conformación de nuestra identidad, del “yo”. Identidad en la que se relaciona pasado, presente y futuro. No es posible ni deseable vivir en el puro presente, necesitamos del pasado para orientarnos y del futuro para proyectarnos, pero ambos siempre estarán sujetos a un presente enunciativo, la memoria juega un papel crucial para saber de que presente se trata y el olvido forma parte de esta memoria personal. Se necesitan los dos en la justa medida, el olvido involuntario, pero también está el olvido forzado. ¿Qué pasa cuando está el olvido de manera patológica, incontrolable que nos obliga a vivir en el eterno presente? La identidad se pierde, casi por completo. Un buen ejemplo es Leonard, el personaje principal de Memento (Nolan, 2000) quien debido a un trauma cerebral no es capaz de almacenar nuevos recuerdos. Tiene los recuerdos de antaño, el presente de un pasado ya lejano, pero para anclar los nuevos recuerdos se sirve de fotografías instantáneas, de nuevo aparece el problema planteado por Ricoeur entre memoria e imagen. La falta, siguiendo a Ricoeur, en la película es el asesinato de su esposa, único recuerdo que mantiene el sentido de movilidad del sujeto, ante la falta sólo puede haber dos respuestas: el perdón o la venganza. El filme gira en torno esta última. La representación temporal es el tema que envuelve no sólo la trama, sino el filme entero. Pues fue filmada de manera cronológica y está editada para que el espectador la vea contada del final al inicio, editada y proyectada a la inversa. El inicio en el filme corresponde al final de la historia. Esto nos sumerge de lleno al personaje central y a su desorientación en su presente por la falta de un pasado reciente y un pasado añejo que lo obliga a seguirse proyectando en un futuro incierto.

Bibliografía:

Halbwachs, Maurice, La memoria colectiva, España, Prensas Universitarias de Zaragoza, 2004. (Versión PDF)

Nora Pierre, Pierre Nora en Les Lieux de Mémoire, Santiago de Chile, Ediciones LOM/TRILCE, Tr. del francés por Laura Masello, 2009.

Nolan, Christopher, Memento, EE.UU., 2000. (Disponible en: www.netflix.com)

Pappe, Silvia, “Memoria versus historia: Desencuentros en los espacios de poder” en Maya Aguiluz Ibargüen y Gilda Waldman M. (Coords.), Memorias, (in)cógnitas. Contiendas en la historia, México, UNAM, 2007. (Versión PDF)

Ricoeur, Paul, La memoria, la historia, el olvido, México, FCE, 2004.



VídeoenYoutube: La memora, la historia, el olvido: Reseña a Paul Ricoeur




[1] Ricoeur prefiere el término respecto a “historicidad”, porque señala la situación y la condición. El autor dedica un análisis a la noción de “historicidad”, así como los motivos que enmarcaron su reconocimiento y uso en la historiografía alemana.
[2] Ricoeur adopta aquí el término de fase, aunque esto no quiere decir que se deban tomar cronológicamente, pero si hay un diálogo entre cada una en el sentido de que “cada una de estas tres operaciones posee valor de nivel de base para las otras dos, en la medida en que sirven de referentes para las otras dos”, Ricoeur, La memoria, la historia, el olvido, FCE, México, 2004, pp., 178-177.
[3] Ibidem., p. 237.
[4] Idem., p. 395.
[5] Idem., p. 399.
[6] Ibidem., p. 449.
[7] Pierre Nora, “Entre memoria e historia. La problemática de los lugares”, en Les Lieux de Mémoire, Santiago de Chile, Ediciones LOM/TRILCE, Tr. del francés por Laura Masello, 2009, p. 25.

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