martes, 9 de octubre de 2018

El orden del discurso: Reseña a Michel Foucault


Por: Rebecca Grafía

Michel Foucault previo a “El orden del discurso” (1970), ya había escrito sus obras “Historia de la locura en la época clásica”, (1961), “El nacimiento de la clínica” (1963), “Las palabras y las cosas” (1966) y “La arqueología del saber” (1969). Su “Historia de la locura” fue el trabajo parteaguas para lo que vendría después en su aportación al análisis del discurso y su relación con el poder. Foucault se preguntó cómo se acordaba que en efecto alguien carece de cordura, no le preocupó hacer una historia del concepto clínico, o de lo que se entendía como locura antes o después, si bien trastoca estos puntos, los rebasa pues a él le interesan los sistemas discursivos que propician que un discurso sea tomado como verdadero, en este caso, referente a la locura. El argumento de que en cada periodo histórico se poseen ciertas condiciones de verdad que determinan lo que es aceptable y lo que no, se repite de manera más pulida en su obra “Las palabras y las cosas” (1966).
En la “Arqueología del saber” (1969), Foucault se dedica a observar su propio trabajo y a explica lo que le interesa trabajar, dejando muy en claro que si uno presta verdadera atención al discurso y su funcionamiento, podremos comprobar que no es posible seguir hablando de un cierto tipo de historia que busca continuidades, por el contrario “la historia del pensamiento, de los conocimientos, de la filosofía, de la literatura parece multiplicar las rupturas y buscar los erizamientos de la discontinuidad”.[1]
La primera parte titulada “Las regularidades discursivas”, está dedicada a explicar las principales inquietudes del autor frente al “discurso” y sus posibilidades de análisis. Para Foucault no existe “el discurso”, como si fuera algo abstracto y que nos antecede. El discurso se despliega en “unidades discursivas”, las cuales son simultáneas en el tiempo, pero es con una serie de complejas relaciones discursivas que pueden o no pasar a la historia del pensamiento. Según Foucault, el análisis discursivo involucra concientizar que hay que tener cuidado a la hora de acercaros a los conjuntos de enunciados, pensarlos en función del contexto de su formulación, en cómo estaban distribuidos, repartidos y caracterizados. Si pensamos así, nociones tan “nuevas” como “literatura”, “cultura” o “política” en realidad no sirven para explicar otros contextos como la antigua Grecia o la Edad Media, en todo caso son referentes que nos sirven para acercarnos a otros que desconocemos en su totalidad. Sería el paradigma del XIX en donde se afianzaría buscar una continuidad y cuando se creó una continuidad de nociones claves como si hubiera sido una evolución. Precisamente el análisis histórico del discurso se ha enfocado en buscar la continuidad, los orígenes. Para Foucault esta pretensión debe abandonarse, sencillamente no es posible. Unidades desplegadas de este tipo de pensamiento como la “ciencia”, “literatura”, “obra” o “autor”, no deben abandonarse pero si cuestionarse, pues no se son lo que parecen ser a primera vista. Hay todo un sistema de validación que las respalda, el cual ha cambiado con el tiempo y que, a la vez, se somete a otro tipo de relaciones discursivas que en su mayoría se contraponen.[2]
Foucault se concentra en buscar las posibilidades de otro tipo de análisis discursivo. Rebasar la continuidad, prestar atención al campo discursivo (preguntarse ¿qué es, pues, lo que se decía en aquello que era dicho?), y dejar atrás las síntesis psicológicas, enfocadas en la “intención del autor”. Poder captar otras formas de regularidad, otros tipos de conexiones como las relaciones de unos enunciados con otros (distintos autores), relaciones entre grupos de enunciados establecidos (formales –no formales), relaciones entre enunciados o grupos de enunciados y acontecimientos de orden completamente distintos (técnico, económico, social, político, etc.).[3]
¿Cómo pasa una hipótesis a un saber discursivo? Es la pregunta que recorre el apartado dedicado a las “formaciones discursivas”, Foucault explica que se constituyen un conjunto de reglas en torno a la selección de un mismo objeto. Después pasa a problematizar cómo se da una formación del objeto, es decir, cómo se pasa a que un conjunto de individuos consideren pertinente o necesario hablar de algo. Una vez que se han establecido las reglas necesarias para hablar y validar lo que se discute sobre un objeto, se pasa a “la formación de las modalidades enunciativas”. ¿Quién es autoridad para hablar de algo? ¿Por qué?, ¿Desde qué institución se habla?, ¿qué sujeto habla? (no todos los sujetos que hablan de algo están en el mismo poder jerárquico para hacerlo, Foucault, se apoya en su Historia de la locura y el nacimiento de la clínica para explicar esto, en un hospital hay distintos rangos de autoridad para hablar sobre una enfermedad por ejemplo).
Las “formaciones discursivas” permiten posteriormente delimitar conceptos. Describir los sistemas que respaldan estos conceptos, no es describir a estos últimos. De nuevo a Foucault lo que le interesa es cómo estos conceptos pueden estar ligados a otros discursos y por qué.[4] En el análisis que realiza Foucault las reglas que forman y respaldan los conceptos no provienen de la mentalidad o de la conciencia del individuo, sino que se imponen en el discurso mismo, en una especie de anonimato uniforme de individuos que se disponen a hablar en ese campo discursivo.”[5]
En el último punto de este apartado, “la formación de las estrategias”, Foucault explica que “discursos como la economía, la medicina, la gramática, la ciencia de los seres vivos, dan lugar a ciertas organizaciones de conceptos, a ciertos reagrupamientos de objetos, a ciertos tipos de enunciación, que forman, según su grado de coherencia, de rigor y estabilidad, temas o teorías”.[6] A partir de ahí se despliegan direcciones de investigación que Foucault enumera, en primer lugar, determinar los puntos de difracción, compatibilidad, equivalencia. En segundo lugar, observar por qué analizamos un sistema discursivo y no otro, ya que no es posible analizar todos los juegos discursivos. En tercer lugar, preguntarnos qué función ejerce el discurso estudiado en un campo de prácticas no discursivas.[7]
“El orden del discurso” fue originalmente una lección inaugural en el Collège de France, pronunciado el 2 de diciembre de 1970. Inicia de una manera que se podría calificar de poética o también de profundamente filosófica, pues Foucault dice que está consciente de por qué va a decir lo que dirá y cómo ha llegado a ese punto y, de cómo le gustaría poder ver su propio discurso antes de que sea formulado, pero que esto es imposible, pues “no podemos deslizarnos fuera del discurso”.[8] No hay nada fuera del discurso, pero tampoco es posible ver al discurso como un ente abstracto fuera de nuestro entendimiento, con su propia “materialidad” o con una “movilidad” autónoma e incontrolable. En realidad, “si el discurso obtiene algún poder es de nosotros de quien lo obtiene”.[9]
En esta obra se reafirma de manera más sintética y puntual lo ya trazado en su Arqueología respecto al discurso y sus posibilidades de análisis. En esta ocasión, Foucault prescinde de apoyarse en su propia obra para explicar los principales problemas epistemológicos y prácticos que conlleva analizar el discurso. En primer lugar, se pregunta Foucault, ¿qué es el discurso? Por una parte, es un material de una cosa pronunciada, escrita o leída, pero al mismo tiempo su existencia es transitoria, el discurso está destinado a desaparecer, pero también puede tener una duración que no nos pertenece. “El discurso es canal pero al mismo tiempo manifestación de luchas, victorias, poderes y peligros.”[10] ¿Cuál es el peligro de que un discurso prolifere indefinidamente?
Según Foucault, en toda sociedad la producción de discurso está controlada, seleccionada y redistribuida por un cierto número de procedimientos que tienen por función conjurar sus poderes y peligros, dominar el acontecimiento aleatorio y esquivar su pesada y temible materialidad.[11] Hay distintos mecanismos para controlar el discurso, que Foucault llama “procedimientos de exclusión”. Entre ellos tenemos lo prohibido, como el tabú o rituales de circunstancia, un ejemplo es la sexualidad y la política. El segundo sería la separación y el rechazo, por ejemplo, la oposición entre razón y locura. El tercero, la oposición entre lo verdadero y lo falso, “existen separaciones arbitrarias, históricas y en constante desplazamiento”, estas separaciones son respaldadas por instituciones que ejercer cierta violencia para mantenerlas.[12] Estos procedimientos de exclusión son externos, pero también existen los internos, es decir, aquellos que se ejecutan dentro de los discursos mismos para ejercer su control. Tenemos “el comentario” (discurso de lo cotidiano) o los “discursos de origen”, aquellos que son dichos, permanecen dichos y están todavía por decirse como los textos religiosos, los jurídicos, los literarios y científicos. La figura del autor es otra forma de control, se trata no de aquel individuo que habla o ha producido un texto, para Foucault es “el principio de agrupación del discurso, como unidad y origen de significaciones, como foco de coherencia”. Esta figura se ha reforzado en discursos literarios, filosóficos y científicos, se pide que “el autor rinda cuentas”.[13] Cada disciplina crea sistemas discursivos que validan su propia producción.
Al mismo tiempo, Foucault señala que algunos discursos están abiertos o cerrados, es decir, protegidos. Existen distintos tipos de estrategias que protegen el discurso. Por ejemplo “el ritual”, los gestos, los comportamientos, los signos, todo aquello que acompaña al discurso. Piénsese en los discursos religiosos, judiciales, terapéuticos o políticos que tienen, literalmente, “una puesta en escena”.[14] Otro tipo de protección se da con las “sociedades de discurso”,[15] aquellas que tienen por objetivo conservar o producir discursos, son operaciones en espacios cerrados y que se distribuyen según reglas estrictas. Las especialidades o doctrinas religiosas son ejemplo de sociedades de discurso. Por último, otra estrategia de protección se da con la “adecuación social del discurso”, esto es con la educación y su distribución.[16] Estas estrategias de protección se encuentran vinculados unas con otras.
Pero, ¿por qué es tan difícil aceptar que no podemos deslizarnos fuera del discurso? ¿Por qué causa conflicto pensar, siguiendo a Foucault, al discurso ligado con el poder? Foucault contesta que “el discurso es habla, lectura y escritura constante, pero hay temor para aceptarlo, ya que hacerlo obliga a replantearnos nuestra voluntad de verdad, habría que restituir al discurso su característica de acontecimiento y borrar la soberanía del significante.”[17]
Hay algunas exigencias de método que implica trabajar lo anterior según Foucault. En primer lugar, el “principio de trastocamiento”, tener cuidado con aquellas figuras en las que parecen ubicarse ciertas fuentes u origines del discurso.[18] En segundo lugar está el “principio de discontinuidad”, los discursos no deben pensarse como en un origen que todo lo conecta. “Los discursos deben ser tratados como prácticas discontinuas que se cruzan, se yuxtaponen, pero que también se ignoran y se excluyen”.[19] En tercer lugar, el “principio de especificidad”, “no hay que intentar resolverlo (el discurso) en un juego de significaciones previas, no hay providencia prediscursiva. Hay que concebir al discurso como una violencia que se ejerce sobre las cosas, como una práctica que les imponemos. Por último, la “exterioridad”, esto es que no debemos ir al núcleo “interior” y “oculto”, porque no lo hay, nosotros otorgamos el significado. Se trata de partir del discurso hacia sus condiciones externas de posibilidad que da motivo a su selección y sus límites.
Foucault reflexiona sobre la disciplina histórica y el acontecimiento, ahora las nociones fundamentales surgen del trabajo de los historiadores.[20] No hay un desarrollo continuo ideal, se trata de azar, discontinuidad y materialidad, de lo cual se ocupa la práctica de los historiadores, pues ellos crean sistemas de pensamiento para aprehender estas nociones.[21]
Por otro lado, la elección de la “verdad” (de aquello que se aprueba como verdadero) en nuestra sociedad actual y cómo lo hemos transformado es algo que interesa mucho a Foucault. Repasa cómo se pasó de la sofística al discurso socrático y después a la filosofía platónica, repasa el siglo XVI y XVII en Inglaterra con las ciencias y la filosofía natural, antesala de un nuevo sentido de lo verdadero en el siglo XIX. Explica su interés por los discursos jurídicos (penales) y psiquiátricos: ¿quiénes los validaban? ¿Cómo eran utilizados los principios de autor, comentario y disciplina?
Por último, menciona obras y autores claves para su aproximación al discurso con Dumézil, la historia de la ciencia con Canguilhem y si es posible hacer filosofía después (o fuera de) Hegel con Jean Hyppolite, quien apunta que “la filosofía es una tarea infinita ligada a la historia de la racionalidad”, lo cual interpreto a preguntarnos cómo hemos pensado, cómo hemos validado ese sistema de pensamiento, por qué hemos pensado de tal manera y no de otra, y, puesto en escena en numerosas prácticas no discursivas pero que acompañan al discurso.






[1] Michel Foucault, La arqueología del saber, México, Siglo XXI Editores, 2010, p. 15.
[2] Ibidem., p., 38-39.
[3] Ibidem., p. 45.
[4] Ibidem., p. 81.
[5] Ibidem., p. 84-85.
[6] Ibidem., p. 86.
[7] Ibidem., p. 91.
[8] Michel Foucault, El orden del discurso, México, TusQuets Editores, 2009, p. 11.
[9] Ibidem., p. 13.
[10] Idem.
[11] Ibidem., p. 14.
[12] Ibidem., p. 18.
[13] Ibidem., p. 31.
[14] Ibidem., p. 40.
[15] Ibidem., p. 44.
[16] Ibidem., p. 45.
[17] Ibidem., p. 50.
[18] Ibidem, p. 52.
[19] Ibidem., p. 53.
[20] Ibidem., pp.- 55-56.
[21] Ibidem., p. 59

martes, 2 de octubre de 2018

Tips para sobrevivir al posgrado



Ingresar a un posgrado es difícil, pero al ingresar el llevar a cabo un recorrido satisfactorio requiere de planeación, paciencia y mucha constancia. Algunos de ustedes me han hecho distintas preguntas que me llevaron a pensar en tips para sobrevivir en el posgrado, sea nivel maestría o doctorado.

1)    Planeación financiera
Actualmente las becas CONACYT en nivel maestría es un aproximado de $11,200 pesos, para doctorado el ingreso es de $14,700, en ambos caso se trata de un depósito de mensual, no quincenal, dentro de los primeros 3 a 4 días hábiles de cada mes. Es importante que tomes en cuenta esto para tus gastos personales, que dividas tus ingresos en aquellos pagos fijos de los cuales no puedes prescindir como renta, comida, servicios, etc. Es necesario considerar dentro de estos compromisos las cuotas escolares de reinscripción, créditos, así como materiales en cada semestre o trimestre. Esto varía de acuerdo a la institución, así que es importante que te informes de los costos. Por otro lado, también tendrás que considerar si tu posgrado es semi-presencial, al menos los dos primeros años para doctorado y el primero para maestría hay que asistir a una serie de clases-seminario y es importante contemplar traslados y hospedajes. También será necesario que cumplas otros requisitos como asistencia a congresos nacionales e internacionales o bien a estancias de investigación. Para ambos casos se trata de una inversión a tu educación, los gastos necesarios deberás planearlos con anticipación, así como también informarte por otro tipo de apoyos adicionales de parte del posgrado para este tipo de actividades.
2)    Organización y constancia
El posgrado es un proceso muy arduo en el que estamos inmersos en la recopilación de datos o fuentes, revisiones, lecturas, escritura, reescritura, edición y así sucesivamente hasta que culminamos nuestros estudios. Es necesario trazar una rutina que nos permita dedicarnos diariamente a nuestra investigación y también a las materias que cursamos. Si tienes beca CONACYT significa que estas de tiempo completo, es decir, que debes dedicar 8 horas diarias a tu posgrado, puedes dividirlo en jornadas (en mi caso dedico cuatro horas en la mañana y cuatro por la tarde). Organiza tu trabajo de lectura, fechas de entrega, citas con tu asesor, mails que tengas que enviar, etc., por semana, mes y trimestre o semestre según sea el caso. La planeación es muy importante pues nos permitirá no abrumarnos con el trabajo y aprovechar nuestro tiempo de la manera más eficiente posible. Crea una rutina de trabajo, ya sea que te sientas más cómodo trabajando en tu casa, en la biblioteca o en algún café. Sea cual sea no sueltes esa rutina y procura que sea diaria. Los avances son poco a poco, recuerda que cada jornada puede variar, pues nos podemos dedicar a leer, a escribir, a editar, consulta de fuentes, etc. La investigación comprende de distintas etapas pero en cada una de ellas la constancia es clave.
3)    Trabajar o no trabajar
Si eres becario CONACYT significa que estás dedicándote de tiempo completo a tu posgrado. Aun así, se permite que los becarios trabajen un promedio de ocho a doce horas semanales. Particularmente recomendaría que si tienes beca te concentres de tiempo completo a tu investigación, pues lo cierto es que el posgrado requiere que sea así, es un trabajo arduo que requiere horas de estar solo, concentrado, leyendo o escribiendo. Es necesario cumplir con las fechas de entrega puntualmente. Recuerda que uno de los objetivos principales del posgrado es que termines a tiempo tu investigación. Es muy fácil conforme pasa el tiempo, comenzar a distraernos con otras actividades o trabajos, procura que eso no ocupe mucho tiempo y también trata de que tu tema sea acotado, congruente al lapso de tiempo que tienes en maestría o doctorado. No te compares con los demás, cada caso es diferente. No todos tienen los mismos intereses a la hora de ingresar a un posgrado, ni la misma situación laboral o familiar. He conocido compañeros que deciden prescindir de la beca y continuar a trabajando y aun así terminan a tiempo y con calidad sus investigaciones. Así que todo es cuestión de organización y constancia.
4)    Cómo comportarse con los asesores.
He dicho ya anteriormente que es necesario antes de ingresar a un posgrado conocer a la planta docente, ya que es recurrente que se nos pregunte quién nos gustaría que nos asesore. Es importante entonces realizar una exploración previa para que conozcas las tesis que ha dirigido el investigador que te interesa, si es posible que te contactes con ex asesorados suyos que pudieran describirte su forma de trabajar, no dudes en hacerlo. La química y el compromiso son clave para que el proceso de investigación sea exitoso. Los asesores esperan que tanto el alumno de maestría, y especialmente el de doctorado, sean mucho más independientes en su proceso de investigación. Esperan leer más que planes de trabajo o primeros borradores. Esperan también que sigas sus consejos en caso de pedirlos. En mi caso particular, nunca me he visto en una situación límite que me obligue a cambiar de asesor, pero lo cierto es que nunca hay condiciones ideales en este tipo de dinámicas. Cada asesor trabaja de forma diferente, al mismo tiempo tienen otros compromisos que cumplir como clases, otras tesis o investigaciones propias, pero es importante que no pierdas la comunicación con ellos. Si se llega a presentar una situación en la que sea imposible continuar trabajando con el asesor asignado como puede ser: pérdida de contacto, falta de compromiso, atraso en lecturas, violencia, discriminación, etc. Será necesario que cuentes con evidencia que respalde el por qué es inevitable el cambio de asesoría. Es una decisión que involucra a la planta docente y a la coordinación del posgrado, por lo que es necesario que tengas información que respalde tu inconformidad, como puede ser: mails, entrega de avances sin correcciones, citas que no se cumplieron, etc. Todo lo anterior con el afán de que el alumno no sea el afectado, en la medida de lo posible.
5)    Apoyarse en la comunidad
El posgrado y, en general, el proceso de investigación es un camino arduo y solitario. Sin embargo, debemos considerar que los grandes cambios de paradigmas o contribuciones teóricas que llevaron a repensar cualquier tipo de conocimiento, no se dieron de la noche a la mañana sino que fueron producto del trabajo de comunidades científicas y de más de una generación. Incluso contribuciones “personales” de figuras como Marx o Einstein por ejemplo no se dieron en sus tesis doctorado sino después, cuando el conocimiento y contribución a los paradigmas ya existentes los llevaron a formular otras preguntas que luego se convertirían en “conocimiento nuevo”.
Sería imposible negar que existe un alto grado de competitividad en los ámbitos especializados de cualquier disciplina, que nos llevan a una competencia insana y poco productiva, al estanos comparando con los demás en cuanto a publicaciones, premios o resultados. Cuando lo cierto es que debería prevalecer la comunicación, el intercambio y los proyectos en conjunto. Quizá sea difícil pensar en un ambiente así cuando la competencia laboral es ardua, existiendo pocos espacios para desarrollarnos profesionalmente y mucha gente tan preparada. Aun así que creo que es necesario que las nuevas generaciones vayamos trascendiendo este tipo de dinámicas y que aprovechemos también otro tipo de plataformas para el intercambio de materiales y resultados.






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martes, 25 de septiembre de 2018

¿Qué es la historia del tiempo presente?


Por: Rebecca Grafía

Paul Ricoeur ha señalado tres tipos de relaciones que tenemos con el pasado: la memoria, la historia y el olvido, título además de su última obra. El historiador es aquel que se encarga de cuidar la relación con el pasado desde el punto de vista histórico. El propio quehacer histórico y el historiador tienen historicidad, es decir, su práctica, sus intereses y sus fuentes han cambiado a través de la historia misma. Uno de los cambios más interesantes se dio en el siglo XX, cuando en Francia comenzaron a surgir trabajos que se preocupaban por periodos históricos mucho más recientes, como el periodo de entreguerras o la Segunda Guerra Mundial. En 1979 se creó el Instituto de Historia del Tiempo Presente[1] en París Francia, en el que participaron investigadores de la Escuela de Altos Estudios de Ciencias Sociales y el Centro Nacional de Investigación Científica.[2] Entre sus principales intereses estaban la Segunda Guerra Mundial y el periodo de entreguerras, la memoria y el testimonio, y repensar la relación pasado-presente-futuro. Darían espacio a otro tipo de investigaciones como la historia oral, la historia de las mujeres, historia de lo político, historia de las ciencias sociales, entre otras.
Que se planteara el objetivo de repensar la relación pasado-presente y futuro nos introduce a hablar de la postura que tomaron estos intelectuales. Por un lado, se desprendían de la historia tradicional, la cual había criticado severamente los intentos de historiar el presente y, por el otro, rechazaban cualquier filosofía de la historia, pues se trataba de repensar nuestra relación con el tiempo histórico, pero no más como un tiempo dado o predeterminado en el que todos estamos envueltos. Sino como una relación que cada presente construye y, pensarlo así, obliga a dar cuenta de la multiplicidad de tiempos y espacios que coexisten.
Las principales críticas versaron en la falta de perspectiva histórica; cómo superar la pasión partidista o la mera anécdota periodística. La imposibilidad de llegar a una visión de conjunto de problemas. La imposibilidad de identificar ciclos que puedan conducir a una teorización. Otros problemas historiográficos que se señalaron fueron lo relativo a las fuentes, la selección de documentación, la crítica, la metodología, la periodización, los contornos y territorios, así como su relación con otras ciencias sociales, y, además, su calidad “científica”.[3] Podemos ver como todas estas críticas se apoyan en una visión de la historia e historiografía tradicional, apegada a un método histórico con herencias un tanto positivistas, en el sentido de una búsqueda de cierto tipo de cientificidad. Precisamente los defensores de la historia del tiempo presente descartan la mayoría de las críticas anteriores diciendo que surgen de un determinado paradigma del cual buscaban alejarse.
Los investigadores reconocen la relación que existe entre el surgimiento de la historia del tiempo presente y su contexto, enfatizan que la demanda social fue un factor crucial que obligó a los científicos sociales a repensar un presente que exigía ser explicado.[4] La necesidad de entender nuestro presente fue una demanda social que no sólo los historiadores han intentado satisfacer desde los 60’, pues también los medios de comunicación se congregaron a la tarea de entender y explicar el presente. La globalización, el régimen de historicidad presentista y la multiplicidad de temporalidades, son las nociones principales que se mencionan a la hora de explicar el surgimiento de la historia del tiempo presente.[5] El historiador Hugo Fazio asegura que la historización del presente es crucial para nuestra sociedad actual, necesidad que se agudizó a partir de las décadas de los 70’ y 80’. Describe la historia del tiempo presente a partir de una lectura de lo inmediato, que tiene divisiones respecto a sus contribuciones pero que al mismo tiempo no puede negarse su resonancia. Asimismo ubica otros problemas que pueden ser tratados por la historia del tiempo presente: la reflexión del cómo pudieron haber sido las cosas y las representaciones que tiene el pasado en determinado presente.[6] Otros enfatizan el carácter del “presente” como una construcción cultural.[7]
Hasta aquí nos hemos enfocado en Francia, la institucionalización de la historia del tiempo presente no se detiene ahí. Los alemanes la trabajaron como “Zeitgeschichte”, los italianos como “historia modernissima” y los anglosajones como “current history”. Actualmente es posible encontrar una gran variedad de institutos que se especializan en la historia del presente, siendo abundantes por ejemplo en Latinoamérica, en dónde la memoria como objeto de estudio ha resultado una prioridad en las investigaciones.[8]
Antes de concluir me gustaría concluir con una reflexión de François Hartog sobre el régimen presentista, especialmente porque es retomado para explicar el surgimiento de la historia del tiempo presente. Hartog, quien sigue las categorías de Koselleck para pensar nuestra relación con el tiempo, habla de cómo cada presente ha construido y representado su vínculo con el pasado, con el futuro y con el propio presente. Si bien reconoce que esta construcción varía en los espacios, se enfoca en Grecia y Europa para explicar cómo se gestó el régimen historia magistra vitae que permeó hasta el siglo XVIII, luego el régimen moderno y, a partir de 1989, Hartog comienza a ver un cambio en nuestra relación con el tiempo, en la que hay una preocupación incesante por el presente, un “presentismo”.[9] Un presente constante y que no cesa, pero que nos tiene atrapados en la paradoja de estar preocupado por el pasado, pero de mano de la memoria y el patrimonio. Por otro lado, es un presente que nos dibuja un futuro catastrófico. Cabe destacar que este “presentismo” es un síntoma de nuestra relación con el tiempo que se puede manifestar de diversas maneras: The Road (novela), el 9/11, tiempo real, etc.
¿Cuáles son las ventajas y desventajas de pensar una historia del tiempo presente? En el sentido social y práctico nos lleva a pensar la función social del historiador, en el sentido teórico epistemológico nos lleva a tratar de repensar o construir nuevas categorías para abordar otros problemas temporales, especialmente porque en ocasiones se trabaja un presente que todavía está siendo.






Bibliografía:
François Bédarida, Definición, método y práctica de la Historia del Tiempo Presente, artículo en línea: file:///C:/Users/Usuario/Downloads/7848-7931-1-PB.PDF
Josefina Cuesta Bustillo, La historia del tiempo presente: estado de la cuestión, artículo en línea: http://revistas.usal.es/index.php/0213-2087/article/view/5714/5748.
Hugo Fazio Vengoa, La historia del tiempo presente: una historia en construcción, artículo en línea: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=81111329004
Julio Arostegui, Reseña a La historia del tiempo presente: historiografía, problemas y métodos, en https://revistas.unal.edu.co/index.php/achsc/article/view/28095/35994
____________, Julio Arostegui, La historia del presente, ¿una cuestión de método?, artículo en línea: file:///C:/Users/Usuario/Downloads/Dialnet-LaHistoriaDelPresente-1036594.pdf 
François Hartog, Regímenes de historicidad, México, UIA, 2006.
_____________, Evidencia de la historia, México, UIA, 2011.




Sitios de interés:
-De la Red de estudios de la violencia
https://redestudiosrepresion.wordpress.com/
-Grupo de estudios interdisciplinarios sobre pasado reciente, GEIPAR (Uruguay):http://www.geipar.udelar.edu.uy/
-Grupo de Investigación “Estudios del Tiempo Presente” (España):http://www.historiadeltiempopresente.com/web/
-Red Interdisciplinaria de Estudios sobre Historia Reciente, RIEHR (Argentina):http://www.riehr.com.ar/index.php
-Red de estudios sobre la represión y violencia política (Argentina):
-Grupo de Investigación en Historia Reciente, Universidad de Navarra:
-Centro Documental de la Memoria Histórica (España):
-Agency of the Federal Commissioner for the Stasi Records (BStU), Alemania:
-Institut d’histoire du temps présent – IHTP, Francia :
-Asociación de Historiadores del Presente, España:
-Institut für Zeitsgeschichte, Alemania:
-Institute of Contemporary British History, Gran Bretaña:




[1] François Bédarida fue el primer director del instituto y desde un inicio trazó los objetivos, preocupación y metodología a seguir por la historia del tiempo presente. Consúltese: Definición, método y práctica de la Historia del Tiempo Presente, artículo en línea: file:///C:/Users/Usuario/Downloads/7848-7931-1-PB.PDF
[2] Josefina Cuesta Bustillo, La historia del tiempo presente: estado de la cuestión, artículo en línea, p. 230: http://revistas.usal.es/index.php/0213-2087/article/view/5714/5748.
[3] Ibidem., p. 233 y ss.

[4] Para más de las circunstancias de su aparición véase: Pierre Sauvage, Una historia del tiempo presente, artículo en línea, p. 61 y ss., en: http://www.redalyc.org/pdf/811/81111329005.pdf.
[5] Hugo Fazio Vengoa, La historia del tiempo presente: una historia en construcción, artículo en línea: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=81111329004 y Julio Arostegui, Reseña a La historia del tiempo presente: historiografía, problemas y métodos, en https://revistas.unal.edu.co/index.php/achsc/article/view/28095/35994.
[6] Hugo Fazio Vengoa, La historia del tiempo presente: una historia en construcción, p. 51.
[7] Julio Arostegui, La historia del presente, ¿una cuestión de método?, artículo en línea: file:///C:/Users/Usuario/Downloads/Dialnet-LaHistoriaDelPresente-1036594.pdf.
[8] Consúltese el sitio: http://historiadelpresente.org/
[9] Véase especialmente las obras: Regímenes de historicidad y Evidencia de la historia. En esta última Hartog nos dice que: “El ascenso del testigo en el espacio público era, en efecto, un claro indicio de los cambios de coyuntura y, en particular, del lugar que tomó, de ahí en adelante, la categoría del presente”, p. 205.

martes, 18 de septiembre de 2018

Tips para editar y reescribir


Por: Rebecca Grafía

En esta ocasión continuamos con los consejos brindados por Howard Becker en su libro Manual de escritura para científicos sociales como empezar y terminar una tesis, libro o un artículo. Ya hablamos un poco sobre cómo iniciar a escribir con el “borrador plumazo”, la identificación de ideas principales y secundarias, nos dimos cuenta de lo que queremos decir y, también que hay distintas formas de hacerlo. A partir de ahí nos fuimos a un segundo borrador un poco más documentado, aunque todavía pensándolo con la libertad de ser un borrador. Ahora bien, este segundo borrador más amplio es el que toca editar y reescribir. Becker aconseja editar de oído, es decir, leerlo en voz alta y a conciencia para identificar algunos “errores” que entorpecen nuestra escritura, y, por tanto el entendimiento del lector. El objetivo principal de escribir, es hacerlo de una manera que el lector entienda de la manera más clara y concisa lo que quieres decir. Este proceso, nos dice Becker, es creativo y no es a la primera, se trata de mucha práctica, por lo cual es mejor ver las tareas de editar y reescribir, como algo divertido ya que si no será un proceso mucho más tedioso.
Editar de oído se trata de leer en voz alta y darnos cuenta de que si algo suena bien es porque está bien, si algo no suena bien es porque no está bien. Es escuchar a conciencia cada una de las palabras que elegimos y preguntarnos: ¿es realmente lo que quiero decir? ¿Esta palabra ayuda o entorpece mi argumento? Becker señala que en este proceso, más que hacer uso del lenguaje lógico –matemático hacemos uso de la heurística, la corrección es creativa. Por lo mismo, es importante leer cosas que estén fuera de nuestra profesión, darnos cuenta de que hay múltiples formas de comunicar lo que queremos decir, así como los distintos usos de las palabras. El problema de solo leer materiales de nuestra profesión es que terminamos repitiendo los mismos vicios y problemas a la hora de escribir que, como ya vimos están sujetos a criterios de validación, pues queremos que nuestro discurso sea plausible y aprobado por una comunidad especialista que tiene determinados criterios de aceptación. Aun así, para Becker, es posible escribir diferente, hacer textos más comprensibles, causar un impacto al lector, etc. Aunque claro habrá resistencias en el camino.
Lo cierto es que no existe mucha crítica a la prosa de un escritor académico, generalmente es algo que no es tomado en cuenta y cuando se señala es común escuchar excusas como “yo no nací con el don de la palabra”, “se trata de un texto académico no literario”, etc. Cuando lo cierto es que la buena escritura se desarrolla con el tiempo, se requiere práctica y constancia, pero también errores, muchos errores.
Veamos entonces algunos tips para la corrección de nuestros borradores (no importa cuántos sean, pueden pasar hasta 10 borradores antes de llegar a un manuscrito y aun así las cosas terminadas están sujetas a reediciones, en suma, la escritura es un proceso abierto).

 Cambiar oraciones pasivas por oraciones activas
Se trata de introducir un agente en la acción, la afirmación, la argumentación, etc. Esto con el propósito de atraer al lector. Hay que eliminar todas las muletillas, “carraspeos” o palabras rimbombantes y repetidas que no son específicas ni necesarias para lo que queremos decir. Por ejemplo: “… toda una vida de arduo trabajo…” por “una vida de arduo trabajo”.
Es importante resaltar que cada cambio que realices abre nuevos caminos, las posibilidades son infinitas, pero se trata de encontrar la manera más clara y precisa de lo que queremos comunicar. Es un ejercicio tedioso pero necesario, Becker dice que requiere tiempo aunque no tanto como creemos, eso sí, la corrección debe ser renglón por renglón, palabra por palabra para detectar problemas. Se trata de ajustar la lente para tener una visión más enfocada, pero en el texto.
Las palabras innecesarias no tienen lugar puesto que sólo engañan al lector. Cuidemos que nuestras palabras no suenen a “conceptos” que no hemos explorado o definido con claridad, puesto que llaman la atención, insinúan profundidad y sofisticación donde no la hay y, además, posteriormente podrías ser cuestionado por su uso. Cada oración puede presentar problemas que a primera vista son “teóricos” o “metodológicos” cuando en realidad son de sintaxis o bien producto del abuso de palabras innecesarias.
Las oraciones con agentes activos tornan más comprensibles y creíbles nuestras representaciones. Por ejemplo; “el criminal fue sentenciado” (oración pasiva) por “el juez sentenció al criminal” (oración activa). Becker denuncia que casi todas las versiones de teoría social insisten en que actuamos para producir vida social, pero la sintaxis de ciertos investigadores afines a estas teorías parece decir lo contrario, pues omiten a los actores perdiéndose en la voz pasiva. Aunque el autor no lo menciona, me parece que ello también tendría que ver con la búsqueda de objetividad de algunas ciencias sociales y con la forma en que ha sido acordado deben de ser los trabajos académicos.

 Pocas palabras
¿Por qué introducimos frases o palabras que no van? Hay múltiples razones dice Becker, para demostrar modestia, por temor a estar equivocados, etc. También porque pensamos que si decimos lisa y llanamente lo que queremos expresar, entonces cualquiera podría decirlo, creemos que debe sonar profundo para ser científico. Solemos apegarnos a ciertos formatos por legitimidad de nuestra área, pero lo cierto es que terminan siendo texto con poca aportación y aburridos para el lector. Becker aconseja revisar nuestros textos y preguntarnos si podríamos decir lo mismo con el menor número de palabras posibles. De ser así, hay que corregir.

 Repetición
Se trata de evitar la reiteración si no es necesaria. Por ejemplo: “un banco se ve diferente cuando está habitado por encargados de limpieza que cuando está habitado por bancarios”. Lo repetitivo distrae, si lo omitimos se puede crear una oración más interesante y completa.

Estructura y contenido
Los pensamientos expresados en una oración afirman o implican algún tipo de conexión. De ahí que debamos ser tan cuidadosos a la hora de editar o reescribir, ¿estoy relacionando de forma que comunico lo que realmente quiero decir? Por supuesto, hay varias formas de exponer, se puede jugar con las posibilidades de cómo contar algo, recordando siempre que el orden afecta el argumento. ¿Nuestra exposición se trata de un orden jerarquizado, entrelazado, de iguales? Lo anterior depende de qué queremos decir. La sintaxis es la manera en que ordenamos los elementos de modo tal que su sintaxis también configure el argumento y que no interfiera con la comprensión del lector.

Concreto/abstracto
Becker afirma que los académicos, sociólogos y los científicos sociales en general empleamos demasiadas palabras abstractas, en el fondo debido a que no tenemos nada específico. Por ejemplo, cuando decimos que “dicho fenómeno social es complejo”, para Becker eso no dice nada salvo un “créanme hay mucho trasfondo aquí”, lo cual se puede decir de casi cualquier cosa. Hay que ser cuidadosos con las generalidades simplonas.
Independientemente de nuestro público lector, podemos lograr una escritura legible y memorable editando y reescribiendo de manera específica y concreta. Cuando suprimimos frases largas y pomposas por frases más compactas, la idea se vuelve más nítida y específica.
Si hablamos de abstracciones y necesitamos ejemplos hay que elegirlos con sumo cuidado, ya que estos traerán repercusiones en la argumentación en general.

Metáforas
Becker narra cómo los temas habituales de revistas académicas están repletas de metáforas, sin importar si se trata “de sociología, historia, psicología, en casi todas hay cháchara trillada metafórica”. Por ejemplo; en las reseñas se leen cosas como “parece faltar una vuelta de tuerca”, o “el estudio abarca un amplio terreno”, o “se ocupa de temas empobrecidos por su contexto”, etc. Pareciera, dice Becker, que el documento es más científico si contiene un montón de palabrerío metafórico. Por lo general, en los textos que revisaba el autor, eliminaba todas las metáforas. A menos que alguna fuera el hilo conductor y correcto de la argumentación principal.
El uso correcto de metáforas implica seriedad y atención pues existen distintos tipos. Tomar conciencia de ello nos permite utilizarlas intencionalmente y a sus matices también.

Editar de oído y reescribir es una “acción zen de prestar atención” nos dice Becker. Los borradores se pueden escribir rápidamente y con descuido porque luego tendemos tiempo de reescribirlos. Los escritores ponen mucha atención a lo que han escrito, observan y analizan el uso que dan a cada palabra. Cuando ponemos atención, los problemas comienzan a resolverse.
Basada en mi experiencia al seguir los consejos de Becker, y en la reciente presentación de avances que tuve, añado otros consejos que pueden ser útiles en esta etapa:

           Paciencia
Como ya dijo Becker, la escritura y corrección son procesos creativos. No es a la primera, se trata de práctica y de un vaivén de actividades. Leemos material, tomamos notas, hacemos fichas, borradores, corregimos, editamos, reescribimos, nos regresamos, etc. Toma tiempo, pero siendo constantes podemos avanzar mucho en poco tiempo, especialmente porque vamos persiguiendo la claridad y nos vamos dando cuenta por dónde continuar o en dónde detenernos por un momento.

Piensa en tu lector
Becker narra como otro tipo de borrador plumazo que hacía era el platicar una síntesis breve del artículo o libro que estuviera trabajando a algún amigo o colega y darse cuenta de en dónde el escucha lo seguía en su argumento y en dónde se perdía, o bien en que puntos él estaba en lo correcto al verlos relacionados y en dónde la conexión era un tanto forzada o un callejón sin salida y mejor dejarlo así por el momento. Lo mismo aplica a la hora de recibir comentarios por parte de tus compañeros o lectores en seminario. Detectar en dónde, por más claros que tratamos de ser, hay confusión o no se entendió lo que queríamos decir. Revisar y corregir.

Distintas fases en el proceso de escritura
El protocolo es parte fundamental para el proceso de escritura, pero no es lo más importante. No debemos aspirar a corregir múltiples veces el protocolo para que se ajuste a aquello que “sí queremos decir” conforme vamos haciendo avances en nuestra investigación. Se trata de partir de una idea, hacer borradores, hacer manuscritos, ensayos y aproximaciones, en los que vayamos detectando estos vaivenes entre lo que creíamos cierto y lo que fuimos encontrando para luego dar una argumentación detallada y honesta de nuestros resultados. No hay que pensarlo como “esto ya es parte del capítulo tal…” porque puede ser que no quede acomodado así al final. En el “borrador plumazo” hicimos fichas y nos fuimos por partes realizando un ensayo por tema. Se trata de hacer aproximaciones, ajustes y reacomodos, aunque claro vamos avanzando en la escritura. Así, la redacción final de la tesis, artículo o libro será más fácil.

Ir por partes
Podemos dejar un ensayo en el “segundo borrador” y volver a él más tarde para corregirlo. Así nos podemos ocupar de otras partes, de otras lecturas, o comenzar otro borrador plumazo. Recuerda que la escritura no es un proceso lineal, sino creativo, en el que cabe la retrospección para dar claridad a lo que escribimos.



Bibliografía:
Howard Becker, “Editar de oído”, en Manual de escritura para científicos sociales como empezar y terminar una tesis, libro o un artículo, Siglo XXI, Argentina, 2011, pp. 99 -113.




De historiador a historiador

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